20 de julio de 2024

La Feria: ¿Qué, cómo, cuándo?

Sr. López

De entre el florilegio de beldades que componían la sección femenina de la familia paterno-autleca de este menda, tía Fulvia gozó fama de haber sido la más espectacular de todas. López la conoció cuando era una matrona mayor de 80 de edad, con notorios rastros de ser cierto lo que de ella se decía, como su capacidad para vaciar cuarteles y seminarios a su paso, y de hacer dudar de su vocación al señor obispo si la veía en misa. De las muchas anécdotas de lo que causó con su impresionante porte, a su texto servidor se le quedó la del muy adinerado ranchero, forzudo hombrón atravesado y valentón, que la cortejó incansablemente a pesar de los muchos desaires de que fue objeto, hasta que un día, harta la tía de la porfía del tipo, en vez del acostumbrado rechazo, le dijo en plena calle: -Está bien, soy suya… -y el tipo alzó los brazos para estrecharla pero como por ensalmo, quedó paralizado y decían, cayó de espaldas al suelo con los ojos como platos, la boca abierta, los brazos al aire, tieso y del todo muerto. Demasiada sorpresa.

Lejos de tal extremo está AMLO. Los que no digieren su aplastante triunfo  electoral son algunos de sus cercanos. Tal vez les viniera bien un curso propedéutico dividido en dos partes, a saber: Primera.- Del paso de la oposición ninguneada al triunfo por todos aceptado; y B.- Sobre la transición de los sueños a la realidad.

Dado el largo periodo entre la elección y la asunción al poder, están como caballo cuarto de milla en el arrancadero, tirando patadas y bufando, ansiosos por ya montarse en La Patria (ya saben qué señora), que en decúbito supino les murmura, pícara: “Hasta el primero de diciembre, nenes”.

Aunque no lo quiera, fomenta AMLO esas ansias:

Ratifica que no vivirá en Los Pinos (cosa del todo irrelevante… y pobres de sus vecinos).

Insiste en que desechará los servicios del Estado Mayor Presidencial, lo que es una alarmante irresponsabilidad, si se considera que no solo es un cuerpo militar especializado en la seguridad de nuestro Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas -separado del ejército, por sabia prudencia de todos los titulares del Poder Ejecutivo, de Iturbide al de ahora, para no estar en sus manos-, sino que además desempeña labores de inteligencia y proporciona información al Presidente, aparte de contar con especialistas con las mejores calificaciones en medicina, ingeniería, comunicaciones y política exterior, sin que AMLO recapacite ni sospeche, que quienes contrate para realizar tales labores, constituirán de hecho un estado mayor presidencial, con otro nombre o sin nombre, pero con esas funciones indispensables para que él haga su chamba sin que el país esté con el Jesús en la boca, con la diferencia de que no estarán debidamente capacitados ni tendrán el cerebro troquelado en los valores patrios que les machacan en los planteles educativos universitarios militares. Ya lo verá.

No quita el dedo del renglón en asuntos como la dispersión de las oficinas federales por todo el territorio y como nunca falta un prontito queda-bien, el Esteban Moctezuma Barragán, que se supone será Secretario de Educación, avisa que desde el 1 de diciembre despachará en Puebla: con qué facultades decide la sede de una Secretaría de Estado, es cosa menor para él; y con qué autoridad cambia las condiciones contractuales de su personal sindicalizado, no pasa de detallito administrativo; para ni mencionar que más le vale ir contratando una buena casa de bienes raíces, porque si de veras va a llevarse toda la Secretaría, le van a faltar miles de casas.

Encima, si AMLO mueve a casi toda la estructura federal hacia los estados, los efectos económicos en cada ciudad agraciada con unos cuantos miles de nuevos residentes, pueden y van a provocar distorsiones económicas: se dispararán los precios de bienes y servicios por la demanda artificial adicional que de golpe les llegará. Pelillos a la mar, se cambia porque se cambia (y ya veremos los constantes viajes a la capital del país de secretarios y titulares de organismos… y la instalación de oficinas alternas). Era puntada mi buen, ya déjelo.

Otra cosa es que van a implantar una “justicia transicional” para pacificar al país, según Olga Sánchez Cordero, supuesta próxima secretaria de Gobernación. Suena bonito. También dice doña Olguita que “es hora de que desde el gobierno se hable de manera integral de memoria, verdad y justicia”. ¡Qué padre!

El Centro Internacional para la Justicia Transicional, define que ésta es un proceso asumido por las sociedades “(…) mientras se lleva a cabo el tránsito de un periodo de conflicto violento u opresión, hacia la paz, la democracia, el estado de derecho y el respeto de los derechos individuales y colectivos”. No es nuestro caso. No vamos a salir de un periodo de opresión, sin democracia, sin estado de derecho. No se pasen Olga & Cía.: no derrocaron una sanguinaria dictadura ni terminó una guerra civil.

La justicia transicional se inventó para justificar los juicios de Nuremberg y Japón al fin de la Segunda Guerra Mundial, que no tenían sustento jurídico. Ahora, si doña Olguita plantea que el combate a la delincuencia organizada, ha oprimido la democracia, la paz, el estado de Derecho y el respeto a los derechos individuales y colectivos, se está equivocando y no va pacificar nada.

Ayer afirmó Olguita: “Es hora, desde el gobierno, que se deje de simular que no pasa nada y que hay una política de derechos humanos”… bueno, sí, pero estamos hablando de seguridad pública, señora, ¿esa cuándo? La inseguridad pública obedece a otras razones. Aplíquese, doñita, deje ese cuento, que los delincuentes se están carcajeando.

Y agregó que en ese proceso transicional “se incluya memoria, verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición”… ¡sale!… pero eso qué tiene qué ver con la seguridad pública, con meter en cintura a los delincuentes… sí, señora, haga todo eso, pero para que impere la seguridad pública, ¿qué, cómo, cuándo?

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