El peso mexicano perdió terreno con fuerza y tocó las 18 unidades por dólar durante la jornada del lunes 28 de septiembre, su nivel más débil desde marzo. La cotización llegó a un máximo de 18.0070 pesos antes de moderarse y cerrar en 17.9445 pesos por dólar en el mercado interbancario, de acuerdo con los datos publicados por el Banco de México.
El movimiento representó una depreciación cercana a 1.8 por ciento frente al cierre anterior y prolongó un mes negativo para la moneda nacional. A lo largo de septiembre, el peso acumuló un retroceso de aproximadamente 5.9 por ciento, después de varios meses en los que se mantuvo por debajo de 17 unidades por dólar y figuró entre las divisas emergentes con mejor desempeño.
La brecha de tasas pierde fuerza
Uno de los factores centrales es el cambio en la relación entre las tasas de interés de México y Estados Unidos. La Reserva Federal elevó su referencia en 25 puntos base, hasta un rango de 3.75 a 4 por ciento, mientras el Banco de México mantuvo su tasa en 6.5 por ciento. Con ello, la diferencia quedó en alrededor de 250 puntos base, un nivel que reduce el atractivo relativo de invertir en activos denominados en pesos.
Durante años, la amplia brecha de tasas favoreció operaciones conocidas como carry trade: inversionistas obtenían financiamiento en mercados con costos bajos y colocaban recursos en México para aprovechar mayores rendimientos. Cuando ese diferencial disminuye o aumenta la percepción de riesgo, parte de esos capitales puede salir con rapidez. El resultado es una mayor demanda de dólares y presión sobre la moneda mexicana.
La autoridad monetaria mexicana ha señalado que sus decisiones responden a las condiciones internas y no deben ajustarse mecánicamente a los movimientos de la Reserva Federal. La inflación, la actividad económica y las expectativas locales siguen siendo los elementos formales de la política monetaria. Sin embargo, el mercado también observa la diferencia de rendimientos entre ambos países y ajusta posiciones cuando cambia el balance.
El dólar fuerte y la tensión externa amplifican el ajuste
La depreciación no responde a una sola causa. El fortalecimiento global del dólar, la incertidumbre en Medio Oriente y el aumento de la aversión al riesgo afectaron a varias monedas emergentes. Los precios de la energía y la posibilidad de nuevas presiones inflacionarias también influyen, porque un entorno más incierto suele llevar a los inversionistas hacia activos considerados de refugio.
El peso mexicano y el peso colombiano estuvieron entre las divisas que más se beneficiaron del carry trade y ahora figuran entre las más sensibles al cambio de condiciones. La profundidad del mercado cambiario mexicano permite comprar y vender grandes volúmenes con rapidez, una ventaja para la liquidez que también hace del peso un vehículo frecuente para ajustar posiciones regionales durante episodios de tensión.
Qué significa para empresas y hogares
Un tipo de cambio más alto encarece los bienes importados y puede elevar costos para empresas que compran maquinaria, componentes, combustibles o insumos cotizados en dólares. El impacto sobre los precios al consumidor no es automático ni uniforme, pero una depreciación prolongada puede trasladarse a productos importados y a cadenas productivas con alta dependencia del exterior.
Para los exportadores y receptores de remesas, un dólar más caro puede traducirse en más pesos por cada divisa recibida. Ese efecto, sin embargo, depende de los costos, los contratos y la duración del movimiento. La volatilidad también obliga a compañías y familias con deudas en dólares a revisar su exposición, porque el monto necesario para cubrir obligaciones puede aumentar.
La cotización de cierre de 17.9445 pesos quedó muy cerca de la barrera psicológica de 18. El máximo intradía confirmó que ese nivel ya fue rebasado temporalmente. Los próximos datos de inflación y actividad en Estados Unidos, las decisiones de ambos bancos centrales y la evolución de los conflictos internacionales marcarán el comportamiento inmediato del mercado.
Después de haber sido identificado como “superpeso”, la moneda entra al último trimestre con un escenario distinto: menor premio de tasas, dólar fortalecido y mayor cautela global. El dato no implica por sí solo una crisis cambiaria, pero sí señala que las condiciones que sostuvieron su apreciación perdieron parte de su fuerza.
Fuentes: Banco de México, El País.












