9 de septiembre de 2026

Beber café o té a más de 65 grados puede triplicar riesgo de cáncer de esófago

Taza de café caliente relacionada con el estudio sobre cáncer de esófago

Consumir café o té a 65 grados Celsius o más puede elevar casi tres veces el riesgo de cáncer de esófago frente a beberlos templados. La conclusión procede de un estudio de la Universidad de Oxford que siguió durante 14 años a casi un millón de personas de mediana edad en Reino Unido y fue difundido este miércoles.

La investigación, publicada en la revista International Journal of Cancer, es presentada como el mayor análisis realizado hasta ahora sobre la relación entre la temperatura de las bebidas y esta enfermedad. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer utiliza el umbral de 65 grados para definir una bebida “muy caliente”, independientemente de que se trate de café, té u otra infusión.

El riesgo observado se relacionó tanto con la temperatura como con la cantidad. Quienes declararon tomar seis o más bebidas calientes al día mostraron una exposición mayor. Los investigadores asociaron el hábito principalmente con el carcinoma de células escamosas del esófago, uno de los dos grandes tipos de cáncer que se originan en el conducto que une la garganta con el estómago.

La epidemióloga nutricional Keren Papier, coautora del trabajo, explicó que el tamaño de la muestra fortalece la evidencia acumulada. El mecanismo probable no depende de los compuestos del café o del té, sino del daño térmico repetido sobre el tejido. Una irritación frecuente puede favorecer cambios celulares, aunque el estudio observacional identifica asociación y no convierte cada bebida caliente en una causa individual.

La mayoría de las personas consume café y té entre 50 y 60 grados, un rango inferior al umbral usado en la clasificación. La recomendación práctica es sencilla: si la bebida resulta incómoda al primer sorbo, conviene dejarla reposar algunos minutos. Añadir leche reduce la temperatura, pero aun así puede ser necesario esperar antes de beber.

El cáncer de esófago es relativamente poco frecuente. En Reino Unido, la probabilidad de recibir ese diagnóstico a lo largo de la vida ronda 1 por ciento, según la investigadora citada por Euronews. Que el riesgo relativo pueda triplicarse no significa que tres de cada cien consumidores desarrollarán la enfermedad, porque la cifra individual depende del riesgo inicial y de otros factores.

Fumar y consumir alcohol siguen siendo factores de riesgo de mayor peso, seguidos por la obesidad, de acuerdo con Cancer Research UK. Por eso, enfriar el café o el té debe entenderse como una medida adicional y de bajo costo, no como sustituto de dejar el tabaco, moderar el alcohol, mantener un peso saludable o buscar atención médica ante síntomas persistentes.

Entre las señales que requieren valoración se encuentran dificultad progresiva para tragar, dolor al deglutir, pérdida de peso sin explicación, ronquera duradera o molestias en el pecho. Estos síntomas pueden tener causas distintas al cáncer, pero no deben ignorarse. El estudio aborda prevención poblacional y no sirve para diagnosticar a una persona ni para atribuir una enfermedad a una bebida concreta.

El hallazgo es relevante porque modifica un hábito sin pedir que se abandone una bebida ampliamente consumida. Esperar unos minutos hasta que la taza esté templada reduce la exposición térmica sin alterar necesariamente la cantidad de café o té. La consecuencia verificable del estudio es una recomendación prudente: evitar líquidos hirviendo y atender al conjunto de factores de riesgo, en lugar de concentrarse en uno solo.

Fuentes: Euronews Salud, “Un riesgo en la taza: relacionan las bebidas muy calientes con el cáncer de esófago”, 9 de septiembre de 2026; International Journal of Cancer; Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer.

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