El escritor mallorquín Sebastià Alzamora Martín fue distinguido con el Premio Nacional de Poesía 2026 por su libro Sala Augusta seguit de Llengua materna, publicado por Proa. El galardón, concedido por el Ministerio de Cultura de España, está dotado con 30 mil euros y reconoce una obra dividida en dos partes que se encuentran en la memoria histórica, familiar y colectiva.
El jurado valoró la capacidad del autor para pasar de la denuncia histórica a un registro íntimo y delicado. La primera sección reconstruye el pasado de un edificio de Palma que fue prisión durante la dictadura franquista antes de convertirse en un cine. La segunda recupera la infancia del poeta y el trabajo de su madre en la industria del calzado de Mallorca.
Un cine levantado sobre una antigua cárcel
La Sala Augusta fue durante décadas un punto conocido de la vida cultural de Palma. Alzamora descubrió en 2018, mientras preparaba otra obra, que el inmueble había albergado anteriormente la prisión de Can Mir. Ese dato modificó su percepción de un lugar aparentemente cotidiano y abrió la escritura de un poema extenso sobre los espacios que conservan huellas invisibles de la violencia.
La sección está construida como un único poema de verso largo y libre. A través de esa forma, el autor rescata escenas de la Guerra Civil y de la represión franquista sin convertir el texto en un documento histórico convencional. El edificio funciona como una superposición de tiempos: cárcel, lugar de sufrimiento y, más tarde, sala de entretenimiento en el centro de la ciudad.
El jurado destacó que esa mirada devuelve al presente historias de personas asesinadas y perseguidas. La poesía no sustituye al archivo, pero permite interrogar lo que una comunidad recuerda, transforma u olvida cuando cambia el uso de sus edificios y continúa la vida alrededor de ellos.
La lengua materna como memoria de las trabajadoras
La segunda parte, Llengua materna, se desplaza hacia la Mallorca de los años setenta. El punto de partida son los recuerdos de infancia de Alzamora junto a su madre, una cosedora de zapatos. Cuando era niño, la acompañaba a repartir encargos vinculados con una industria que dependía en buena medida del trabajo realizado por mujeres dentro y fuera de las fábricas.
La muerte de su madre en 2021 cambió el tono del proyecto. El texto se convirtió en una elegía, aunque el autor evitó un registro estrictamente funerario. La sección celebra el oficio, la resistencia cotidiana y el papel de las mujeres que sostenían los hogares mediante jornadas de trabajo poco visibles.
La unión de ambas partes permite que el libro pase de la violencia política a la intimidad familiar sin romper su núcleo: la forma en que el pasado permanece dentro de las personas y los lugares. Los testimonios que el autor recibió después de la publicación en 2025 mostraron que los recuerdos individuales podían activar memorias semejantes en familiares de antiguas cosedoras y de víctimas de la guerra.
Una trayectoria que comenzó en 1994
Alzamora nació en Llucmajor y tiene 54 años. Se dio a conocer con el poemario Rafel, publicado en 1994 y reconocido con el Premio Salvador Espriu. Su obra se ha desarrollado entre la poesía, la novela y el ensayo, con títulos que han recibido distinciones como el Premio Ciudad de Palma, el Premio Josep Pla, el Carles Riba y el Premio Crítica Serra d’Or.
Entre sus libros anteriores figuran La parte visible, publicado en 2009, y La pulcritud, de 2018. También es autor de novelas como Sara y Jeremías, La piel y la princesa y Ràbia. Sus textos han sido traducidos al francés, italiano, castellano, inglés, portugués, polaco y danés.
El jurado del Premio Nacional de Poesía estuvo presidido por María José Gálvez Salvador, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura. Jesús González González, subdirector general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, ocupó la vicepresidencia.
La decisión coloca en el centro una obra escrita originalmente en catalán y construida a partir de dos memorias que rara vez comparten el mismo escenario literario: la represión política alojada en la arquitectura urbana y el trabajo doméstico e industrial de una generación de mujeres. El reconocimiento subraya que la poesía puede unir ambas experiencias sin reducirlas a una sola lectura.
Fuentes: Ministerio de Cultura de España, EL PAÍS.












