Cuba logró interconectar nuevamente todas sus provincias al Sistema Electroenergético Nacional después de unas 32 horas de apagón general, pero la recuperación de la red no significó el regreso pleno del servicio. La Unión Eléctrica informó que el sistema de transmisión estaba energizado desde el sábado 19 de septiembre, mientras continuaban interrupciones severas por la falta de capacidad de generación.
La desconexión comenzó el viernes 18 y dejó sin electricidad a millones de personas. Fue el octavo colapso nacional registrado en la isla durante 2026 y se sumó a una cadena de fallas que ha vuelto cotidiana la incertidumbre sobre el suministro. El restablecimiento requirió conectar el país de manera secuencial, provincia por provincia, debido a la fragilidad de la red y a la escasez de combustible para las centrales termoeléctricas.
Una reconexión lenta y por etapas
El jefe de operaciones del despacho de carga de la Unión Eléctrica, Lisner Cruz, explicó que primero fue necesario energizar subestaciones y después enlazar los distintos territorios. Ese procedimiento buscó evitar una nueva descompensación mientras se incorporaban unidades generadoras y se estabilizaban las líneas de transmisión.
El origen comunicado del apagón fue una falla en la sección de la línea de 220 kilovoltios entre Matanzas y Cienfuegos. El problema provocó una pérdida de equilibrio en el occidente y, después, la separación del oriente del país. Durante la recuperación se activaron pequeños sistemas aislados en varias provincias para atender cargas prioritarias antes de completar la reconexión nacional.
Que todas las provincias estén conectadas no equivale a que todos los hogares tengan corriente. La disponibilidad de generación permanece por debajo de la demanda, por lo que siguen aplicándose cortes programados y emergentes. Hospitales, servicios de agua, comunicaciones y otras instalaciones esenciales reciben prioridad cuando la producción no alcanza.
El combustible limita la recuperación
La crisis combina dos problemas: centrales envejecidas que sufren averías frecuentes y una oferta insuficiente de combustible. La producción petrolera nacional ronda los 40 mil barriles diarios, mientras el consumo necesario para cubrir la demanda energética supera los 100 mil. La diferencia obliga a depender de importaciones en un momento de fuertes restricciones financieras y menores entradas de crudo.
La falta de combustible también impide mantener todas las unidades disponibles, incluso cuando no presentan averías mecánicas. Por eso la red puede estar unificada y, al mismo tiempo, operar con un déficit considerable. La Unión Eléctrica debe distribuir esa carencia mediante bloques de apagones, una situación que afecta la conservación de alimentos, el bombeo de agua, el transporte y la actividad económica.
Ocho apagones generales en nueve meses
Durante 2026, Cuba ha sufrido ocho interrupciones de alcance nacional y acumula trece en dos años. Los episodios muestran que el sistema funciona con un margen muy reducido para absorber cualquier falla importante. Cuando una línea principal o una central sale de servicio, la pérdida puede propagarse y separar regiones completas antes de que entren las protecciones.
La reconexión conseguida este fin de semana evitó que el país continuara dividido en redes aisladas, pero no resolvió el déficit estructural. Las autoridades mantienen trabajos de reparación y sincronización de unidades, al tiempo que ajustan la distribución a la electricidad disponible. Para la población, el indicador decisivo no es solamente que el sistema nacional vuelva a existir como una sola red, sino cuántas horas efectivas de suministro puede garantizar.
El nuevo colapso vuelve a colocar la infraestructura eléctrica entre los problemas más urgentes de la isla. La recuperación técnica de 32 horas permitió enlazar el territorio, pero la estabilidad dependerá de combustible, mantenimiento y capacidad suficiente para responder a la demanda cotidiana.
Fuentes: Agencia EFE, Associated Press, Unión Eléctrica de Cuba.












