Nepal actualizó este jueves 17 de septiembre el registro de personas desaparecidas por las riadas que devastaron el norte y el centro del país el 26 de agosto. La nueva relación agregó mil nombres y llevó el total a 6 mil 150 personas sin localizar, una cifra todavía provisional porque las autoridades continúan recibiendo información de aldeas que estuvieron aisladas durante semanas.
El ajuste no representa un nuevo episodio de la emergencia, sino una medición más completa de sus consecuencias. Los equipos desplegados en los distritos afectados han avanzado hacia comunidades a las que no pudieron acceder durante los primeros días. Ese recorrido permitió contrastar reportes familiares, censos locales y avisos de personas que dejaron de tener contacto con sus allegados después del desastre.
La identificación genética modifica el balance
La Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres explicó que el registro puede crecer conforme aparezcan nuevos reportes, pero también disminuir cuando concluyan las pruebas de identidad practicadas a los restos recuperados. El último balance ya retiró 105 nombres de la lista después de confirmar mediante análisis forenses que correspondían a cadáveres localizados.
Hasta ahora se han reunido cerca de mil 300 muestras genéticas de cuerpos y aproximadamente mil 900 de familiares. Ese cruce es indispensable porque la fuerza del agua y el lodo fragmentó restos, desplazó víctimas a grandes distancias y dejó numerosos cuerpos sin documentación. El proceso combina trabajo científico con una tarea administrativa especialmente delicada: evitar duplicaciones y ofrecer certeza a las familias.
Las autoridades han contabilizado mil 403 cuerpos o registros de restos humanos. Más de 520 corresponden a restos parciales, por lo que el dato no puede interpretarse automáticamente como un número definitivo de fallecidos. Esa diferencia explica por qué los balances continúan sujetos a revisión y por qué el trabajo de los laboratorios ocupa un lugar central en la respuesta nacional.
El origen de una catástrofe de montaña
La emergencia comenzó la mañana del 26 de agosto con el desprendimiento de una masa glaciar y rocosa de alrededor de dos kilómetros cuadrados en la montaña Langtang Lirung, a unos 5 mil 200 metros de altitud. El material cayó sobre una cuenca del Himalaya y generó una avenida repentina de agua, sedimentos y rocas que recorrió valles habitados.
La riada, llamada en Nepal “tsunami del Himalaya” por su velocidad y capacidad destructiva, arrasó viviendas, comercios, carreteras, puentes y obras energéticas. Decenas de proyectos hidroeléctricos quedaron dañados, un golpe importante para un país cuya infraestructura depende de la complicada geografía montañosa y de corredores vulnerables a derrumbes.
La destrucción también alcanzó al Tíbet, del lado chino de la frontera. El balance disponible en esa región registra 43 fallecidos y 519 personas desaparecidas. La dimensión binacional del desastre dificulta la comparación de cifras, pues cada administración emplea sus propios procedimientos para identificar víctimas y consolidar expedientes.
Reconstrucción mientras sigue la búsqueda
El Gobierno nepalí calcula que la reconstrucción requerirá más de 4 mil 700 millones de dólares. La estimación incluye miles de inmuebles y una red de transporte y energía que debe restablecerse en zonas de acceso complejo. Antes de emprender obras permanentes, las autoridades necesitan estabilizar laderas, despejar rutas y evaluar si algunos asentamientos pueden volver a ocuparse.
Para las familias, sin embargo, la prioridad sigue siendo conocer el paradero de quienes faltan. La actualización de este jueves confirma que la emergencia no terminó cuando bajó el nivel del agua: continúa en las búsquedas de campo, las morgues, los laboratorios y las oficinas donde se depuran los registros. Cada identificación puede cerrar una incertidumbre personal, pero el volumen de casos anticipa un proceso prolongado.
Fuentes: Agencia EFE.












