Lo que comenzó como un premio difícil de imaginar terminó convertido en una propiedad que exige tiempo, viajes y mantenimiento. Matthias R., un hombre de Baviera, ganó en 2005 una isla privada en Canadá mediante un sorteo organizado por la empresa de dulces Haribo. Dos décadas después, decidió ponerla a la venta por 348 mil dólares canadienses, equivalentes a unos 220 mil euros.
La propiedad se encuentra en Nueva Escocia, dentro del distrito de Shelburne, y forma parte de un conjunto identificado como Back Lake Islands. El terreno tiene alrededor de 6.5 hectáreas e incluye una zona pantanosa contigua. El acceso requiere un trayecto en barco desde la orilla, pero la localidad con servicios y comercios se encuentra a unos 30 minutos.
Un premio que incluía casa, canoa y viaje
La promoción fue lanzada en abril de 2005 y ofrecía mucho más que el terreno. El ganador recibiría una isla, una casa de madera, el primer vuelo para conocerla y una canoa con equipo de pesca. La campaña también contemplaba provisiones iniciales de ositos de goma y utilizó millones de etiquetas colocadas en bolsas de productos para difundir el sorteo.
Matthias R., residente de Kahl am Main, obtuvo el premio principal y pasó a ser propietario de un refugio natural al otro lado del Atlántico. La historia convirtió una campaña publicitaria en una experiencia de vida que se prolongó durante 21 años. El regalo incluía el paraíso, pero también las responsabilidades de conservarlo.
Una cabaña preparada para vivir entre la naturaleza
La isla cuenta con una cabaña de troncos equipada con dos dormitorios y un baño. La oferta de venta incluye además dos pequeñas embarcaciones, un muelle, un cobertizo y un generador. La electricidad se obtiene mediante paneles solares y una bomba permite extraer agua del lago. El sanitario funciona con un sistema de compostaje.
El entorno está pensado para actividades como nadar, pescar, remar en canoa y caminar por áreas naturales. No se trata de un complejo de lujo ni de una vivienda conectada a todos los servicios urbanos. Su atractivo está en el aislamiento, el paisaje y la posibilidad de habitar un espacio privado durante gran parte del año.
La distancia convirtió el premio en una carga
Durante años, los padres del propietario ayudaron a cuidar el lugar y realizaron trabajos de mantenimiento. Sin embargo, llegar desde Alemania requiere un viaje de alrededor de diez horas. Con el paso del tiempo, la familia dejó de considerar viable una travesía tan larga para estancias breves.
A la distancia se suman los gastos permanentes. El impuesto anual de la propiedad ronda los 2,500 euros, sin contar boletos de avión, renta de automóvil, traslados en barco y reparaciones. El aislamiento que hace especial a la isla también encarece cada visita y complica la atención de la cabaña y del terreno.
La venta pone fin a una de las promociones más singulares de la marca alemana. El premio cambió de dueño como resultado de una etiqueta en una bolsa de dulces y ahora aparece en el mercado inmobiliario canadiense. La propiedad conserva la casa, las embarcaciones y el entorno natural que formaban parte del sueño original, pero busca a una persona dispuesta a asumir la logística que implica mantener una isla privada.
Fuente consultada: Euronews, 23 de octubre de 2026.












