20 de septiembre de 2026

Pelícano herido toca la puerta de un laboratorio y recibe ayuda

Pelícano herido llega a un laboratorio de NOAA en busca de ayuda

Una mañana de trabajo en un laboratorio marino de Florida cambió cuando un pelícano pardo comenzó a golpear con el pico una puerta de vidrio. El ave había llegado por sus propios medios a las instalaciones del Centro de Ciencias Pesqueras del Sureste de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, en Panama City, y parecía insistir en que alguien saliera a verla.

Los biólogos encontraron una urgencia poco común en la entrada del edificio: el pelícano tenía hilo de pesca de alta resistencia alrededor del cuerpo, un anzuelo triple de dos púas clavado profundamente en el ala derecha y varias espinas de cactus en la pata izquierda. Las lesiones limitaban su capacidad para volar y podían impedirle alimentarse.

Un paciente inesperado en el lugar indicado

El centro se dedica habitualmente al análisis de poblaciones de peces y al estudio de especies como tiburones y peces sierra. Sus investigadores no operan como clínica de aves, pero poseen experiencia para sujetar animales grandes y retirar instrumentos sin causar lesiones adicionales.

El pelícano apareció el martes 8 de septiembre después de recorrer posiblemente unos 400 metros desde una zona de la bahía de St. Andrew. Al escuchar los golpes, el personal abrió la puerta y comprendió de inmediato que el animal necesitaba ayuda. La coincidencia resultó extraordinaria: llegó precisamente a un edificio lleno de especialistas acostumbrados a manipular fauna marina.

Diez minutos para retirar el anzuelo y el hilo

El equipo inmovilizó al ave con cuidado. Una persona sostuvo el cuerpo y el pico para evitar movimientos bruscos, mientras otras trabajaron sobre el ala lastimada. Los investigadores cortaron la púa del anzuelo, retiraron el metal y desenrollaron varios pies de monofilamento.

La operación duró alrededor de diez minutos. El pelícano permaneció tranquilo durante el procedimiento, pese al contacto humano y al dolor que debieron causarle el anzuelo y las espinas. Después de revisar el ala, los biólogos retiraron también las púas vegetales de la pata.

Una vez liberado y sin señales que exigieran atención adicional, el ave levantó el vuelo. El desenlace convirtió el episodio en una historia singular, pero también dejó visible un peligro frecuente en costas y embarcaderos.

El monofilamento puede permanecer durante siglos

La línea de pesca desechada es difícil de ver dentro y fuera del agua. Su resistencia, útil para capturar peces, se vuelve una amenaza cuando queda abandonada: puede envolver alas, patas, picos y cuellos. La NOAA advierte que el monofilamento tarda cientos de años en degradarse, de modo que una pieza mal descartada conserva durante mucho tiempo la capacidad de atrapar animales.

Las consecuencias incluyen heridas profundas, pérdida de movilidad, estrangulamiento y muerte por hambre. Las aves marinas están especialmente expuestas porque se alimentan cerca de zonas donde también hay pesca recreativa o comercial.

Qué hacer cuando un ave queda enganchada

Los especialistas recomiendan guardar la línea usada en un recipiente seguro y llevar los restos de monofilamento a contenedores de reciclaje instalados en rampas y muelles. El uso de anzuelos sin púa puede facilitar la liberación cuando ocurre una captura accidental.

Si un ave queda enganchada, cortar la línea y dejarla ir no siempre resuelve el problema. El hilo restante puede apretarse después o enredarse en vegetación. La recomendación de la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida es recuperar al animal con cuidado, retirar el material cuando sea seguro hacerlo y liberarlo únicamente después de comprobar que no conserva anzuelos o línea.

En este caso, el pelícano hizo la parte más improbable del rescate: encontró una puerta, la golpeó y esperó. El personal aportó el conocimiento y las herramientas. La escena tuvo un final feliz, pero su origen recuerda que una línea abandonada puede transformar un día ordinario en una emergencia para la fauna costera.

Fuentes: NOAA Fisheries, The Washington Post.

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