La canícula y los periodos prolongados de altas temperaturas elevan el riesgo de deshidratación, agotamiento y golpe de calor. Niñas y niños, personas mayores, trabajadores al aire libre y pacientes con enfermedades crónicas requieren atención especial.
Señales tempranas de deshidratación
Sed intensa, boca seca, dolor de cabeza, cansancio, mareo y orina escasa u oscura pueden indicar falta de líquidos. En bebés también debe vigilarse la disminución de pañales mojados, llanto sin lágrimas o somnolencia inusual.
La medida principal es beber agua con frecuencia, incluso antes de sentir sed. Las bebidas alcohólicas y las que contienen exceso de azúcar no sustituyen una hidratación adecuada.
Agotamiento y golpe de calor
El agotamiento puede causar sudoración abundante, debilidad, náusea, calambres y sensación de desmayo. La persona debe trasladarse a un sitio fresco, aflojar su ropa y recibir líquidos si está consciente.
Confusión, pérdida del conocimiento, convulsiones o temperatura corporal muy elevada son señales de emergencia. Ante la sospecha de golpe de calor se debe llamar a servicios médicos, enfriar a la persona con paños húmedos y no darle líquidos si no puede tragar.
Cómo reducir la exposición
Conviene evitar actividad intensa entre las 11:00 y las 16:00 horas, utilizar ropa ligera, sombrero y protector solar. Quienes trabajan en exteriores necesitan descansos programados, sombra y acceso permanente a agua segura.
Nunca se debe dejar a niñas, niños, adultos mayores o animales dentro de un vehículo estacionado. La temperatura interior puede aumentar rápidamente, incluso cuando las ventanas están entreabiertas.
Alimentos y enfermedades gastrointestinales
El calor acelera la descomposición de alimentos. Carnes, lácteos, salsas y comida preparada no deben permanecer a temperatura ambiente por periodos prolongados. Es importante lavarse las manos, refrigerar oportunamente y evitar productos con olor, color o textura inusual.
Medicamentos y enfermedades crónicas
Algunos fármacos y padecimientos modifican la capacidad del cuerpo para regular la temperatura. Las personas con diabetes, enfermedad renal, presión alta o problemas cardiacos deben consultar a su médico antes de aumentar de forma drástica el consumo de líquidos.
La prevención depende de hábitos sencillos y vigilancia comunitaria. Revisar a familiares que viven solos, ofrecer agua en espacios de trabajo y reconocer señales de alarma puede evitar complicaciones graves durante los días más calurosos.












