La XXX Cumbre Iberoamericana comenzó este miércoles 4 de noviembre en Madrid con un principio de acuerdo sobre una declaración conjunta, aunque el documento todavía requiere la aprobación de las delegaciones. La cita reúne a los 22 países de habla española y portuguesa que integran el foro, pero solo diez de sus mandatarios acudirán personalmente. España, anfitriona de la reunión de dos días, llega al encuentro con el propósito de recuperar un consenso que faltó en la edición anterior.
Un texto pendiente de ratificación
Los negociadores alcanzaron el martes una fórmula preliminar para el comunicado final. Su existencia no debe confundirse con una declaración ya firmada: los jefes de delegación tienen que revisar y aprobar el texto antes de que se presente como resultado de la cumbre. La redacción acordada es breve y evita pronunciamientos que impedían reunir a todos los países alrededor de una misma posición.
Uno de los asuntos más delicados fue la referencia al bloqueo estadounidense a Cuba. El desacuerdo sobre ese punto ya había pesado en la cumbre de Cuenca, Ecuador, en 2024, que terminó sin una declaración final adoptada dentro de la reunión. En Madrid, las conversaciones también estuvieron atravesadas por diferencias sobre igualdad de género y desarrollo sostenible. El criterio de consenso permite que una decisión avance si ningún integrante se opone, aunque no todos la suscriban de la misma manera.
Menos jefes de Estado, una agenda de cooperación
Diez de los 22 mandatarios estarán en la capital española: los de Andorra, Portugal, Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras, República Dominicana y España. No asistirán la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ni el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. La representación diplomática de sus países sigue participando en el proceso, pero las ausencias reducen el peso político visible de la fotografía de líderes.
Entre los resultados que España busca destacar figuran una alianza sobre inteligencia artificial, una carta de cuidados y apoyos, una red de reducción de riesgos de desastres y un instrumento de movilidad académica destinado a facilitar el reconocimiento de estudios y títulos. Se trata de ámbitos distintos, unidos por la idea de coordinar políticas entre países con vínculos lingüísticos y culturales. La declaración, de confirmarse, recogería esos trabajos junto con una defensa del valor político de la propia cumbre.
La inteligencia artificial consiguió un primer entendimiento
La Alianza Iberoamericana de Inteligencia Artificial avanzó con el respaldo de ministros de 20 países y la abstención de Argentina y Paraguay. Su planteamiento apunta a compartir capacidades y discutir cómo desarrollar tecnología que responda también a las lenguas de la región. Andrés Allamand, secretario general iberoamericano, la presentó como una iniciativa central del encuentro. El Gobierno español ha iniciado trámites para aportar dos millones de euros a su puesta en marcha.
Ese acuerdo sectorial muestra una diferencia importante respecto del comunicado político general. Los proyectos concretos pueden avanzar con adhesiones diferenciadas, mientras una declaración de líderes exige superar una variedad mayor de desacuerdos. Durante la presidencia española se celebraron numerosas reuniones ministeriales y foros, con decenas de textos consensuados, pero el examen público de la cumbre sigue concentrado en la capacidad de cerrar un documento común.
Los antecedentes explican la cautela. En Cuenca no hubo declaración final dentro del encuentro, y en Santo Domingo, en 2023, la guerra de Ucrania obligó a una formulación cuidadosamente negociada. Madrid intenta evitar un nuevo cierre sin texto compartido. Al comenzar las sesiones del miércoles, el acuerdo era todavía preliminar; la ratificación y el contenido definitivo corresponden a las delegaciones. Ese es el límite entre lo ya negociado y lo que aún debe decidirse en la mesa iberoamericana.
Fuentes: EL PAÍS.












