Alma Rosa Rojo Medina, fundadora del colectivo Voces Unidas por la Vida, sobrevivió a un ataque armado el 29 de agosto en Culiacán, Sinaloa. La buscadora viajaba con su hija Yessenia Martínez y dos de sus nietas cuando hombres armados dispararon contra el vehículo en el que se trasladaban. Rojo resultó herida en un brazo y su familia salió ilesa, de acuerdo con su testimonio a EL PAÍS.
La agresión ocurrió en la colonia Estela Ortiz de Toledo. Rojo relató que escuchó ocho detonaciones y que, por la trayectoria de los disparos, entiende que iban dirigidos a ella. Una bala atravesó su brazo y quedó alojada en la espalda; tras recibir atención médica, la activista habló de la incertidumbre que deja el ataque para ella y para su entorno.
Rojo busca desde 2009 a su hermano Miguel Ángel. Con los años se convirtió en una de las pioneras del acompañamiento a familias de personas desaparecidas en Sinaloa y fundó Voces Unidas por la Vida, colectivo que reúne a más de 200 familias. Su labor incluye búsquedas en campo, acompañamiento a víctimas y exigencias de respuesta a las autoridades.
Yessenia Martínez, hija de Alma Rosa, viajaba en el mismo automóvil junto con sus dos hijas. Ambas reconstruyen los minutos de la emboscada y desconocen el móvil de la agresión. El hecho no solo interrumpió su trayecto; también expuso a una familia dedicada a la búsqueda de desaparecidos a una situación de violencia directa.
El caso adquiere especial gravedad porque no es un episodio aislado para el colectivo. EL PAÍS reportó que se trata del segundo ataque contra mujeres buscadoras de Voces Unidas por la Vida en 11 años. Esa antecedencia obliga a que las diligencias contemplen la posible relación entre la agresión y el trabajo de búsqueda, sin dar esa hipótesis por acreditada antes de una investigación formal.
Las personas buscadoras realizan una tarea que combina recorridos, identificación de indicios, interlocución con fiscalías y acompañamiento a otras familias. La exposición pública que implica esa labor no sustituye la obligación de las autoridades de prevenir riesgos ni de investigar con prontitud los ataques en su contra. En este caso, la condición de víctima y defensora de derechos humanos de Rojo debe orientar las medidas de protección y la indagatoria.
El ataque ocurrió en Culiacán, una ciudad atravesada por una crisis de seguridad que ha afectado a la población civil y a colectivos de víctimas. La respuesta institucional debe establecer quiénes dispararon, cómo operaron y si existieron amenazas previas que hubieran requerido protección. También corresponde esclarecer las condiciones en que quedó herida Rojo y garantizar atención médica y acompañamiento para ella y su familia.
La trayectoria de Alma Rosa Rojo muestra por qué el hecho rebasa un caso individual. Detrás de su búsqueda está la desaparición de su hermano y la organización de cientos de familias que reclaman verdad. El esclarecimiento del ataque será determinante para su seguridad y para el derecho de las familias sinaloenses a continuar la búsqueda sin que la violencia se convierta en otra forma de silenciamiento.
Fuentes: EL PAÍS, entrevistas y reportes del 29 de agosto y 1 de septiembre de 2026.












