10 de noviembre de 2022

Tatiana Clouthier

José Antonio Molina Farro

“Mi oportunidad de sumarle al equipo está agotada”

T. C.

En un contexto de  brutal caída de la economía en 2020 (-8.5% del PIB), de cientos de miles de fallecidos por la pandemia, 657 mil personas que perdieron sus empleos en el sector formal, un millón y medio en el sector informal, y más de un millón de empresas que ya no abrirían sus puertas, Tatiana Clouthier Carrillo, a la sazón secretaria de Economía dio a conocer, en enero de 2021, el Plan de Reactivación Económica del Gobierno federal. Hoy renuncia a su encargo, una vez concluido el plazo de consultas públicas entre los gobiernos de México y Estados Unidos, para tratar de resolver las diferencias comerciales en torno a la política energética del gobierno de Andrés Manuel y su posible violación al T-MEC. Es, sería la antesala de un panel internacional que, en caso de perder nuestro país, deberá cubrir una sanción de miles de millones de dólares.

Tatiana fue diputada federal por el PAN, partido al que renunció en 2005, después de una militancia de 15 años. Su renuncia fue contundente: “tristemente veo que nuestro partido no ha mostrado tener un proyecto claro y definido, ahora que es gobierno a nivel federal…parece que se gobierna más con el PRI que con el PAN. El PAN sacó al priista que todos llevamos dentro… afloran compra de voluntades y regala o intercambia puestos…” En 2018 coordinó la campaña de AMLO, con una actividad notable en twitter y conectando con la generación ‘millenial’, a quien explicó las propuestas de Andrés Manuel con un lenguaje sencillo y desenfadado. Con dignidad rechazó propuestas para formar parte del gabinete y optó por ser diputada plurinominal, donde se opuso a la militarización de la Guardia Nacional.  En síntesis, una mujer valiente y de firmes convicciones, capaz de mostrar sus desacuerdos y firmeza para no hacer el triste papel de florero.

El Plan de Reactivación Económica propuesto se sustentaba en cuatro ejes: 1) Mercado interno, empleo y empresa: a) Valor agregado, b) Industria 4.0, c) Apoyo a Mipymes, d) 60 mil créditos a la palabra, de $25 mil cada uno, distribuidos en tres bloques, mujeres empresarias, empresarios pendientes de recibir apoyos y comercios cumplidos, 2) Fomento y facilitación de la inversión: a) agilizar trámites b) atraer inversión extranjera, c) inversión en infraestructura, 3) Comercio internacional: incrementar exportaciones a mercados nuevos y existentes, 4) Regionalización de los sectores: a) apoyo a las siete regiones del país, b) estímulos fiscales a la Frontera Sur y c) comercialización de productos del Sur-Sureste en el Norte y Centro del país. Tarea compleja y harto difícil, aún más cuando le faltaba convencer, así lo dijo, al Secretario de Hacienda y cabildear en el Congreso. Y lo más importante, se buscaba generar certidumbre y confianza entre los inversionistas potenciales. Esto me hizo recordar aquélla expresión de Trump a Romo en Washington, al despedirse: “Alfonso, honren los contratos”.

En ese momento existían en el país aproximadamente, 4 millones 100 mil Mipymes, con 17 meses en caída libre, de las cuáles en 2019 solo recibieron créditos de la banca comercial el 23%, y aun así generaban, hasta julio de ese mismo año, el 72% del empleo y el 42% del PIB. De tal manera que los créditos anunciados eran una aspirina para niños, que no pintaban en ese universo. Todo se complicó, en tanto no se coordinó la “nueva política industrial y tecnológica”, plausible en sus objetivos, con el sector privado, el principal generador de empleos en el país. A ello se agregaban iniciativas del gobierno contrarias a las energías limpias,  que ocasionaban  incertidumbre y desconfianza entre los inversionistas nacionales y extranjeros, por cambiar las reglas del juego en cuantiosas inversiones ya ancladas en el país, así como por violar cláusulas del Protocolo Modificatorio del T-MEC. La Unión Europea advirtió al gobierno mexicano que los cambios en la política energética podrían afectar negativamente miles de millones de dólares en  proyectos de generación de energía renovable. En el mismo sentido, Secretarios de Estado norteamericanos enviaron sendas cartas a sus contrapartes del gobierno mexicano mostrando su preocupación por posibles cambios en la política energética, pues “el T-MEC señala prohibiciones expresas para dar un trato favorable a empresas propiedad del Estado”. Por su parte, la SCJ de la Nación, emitió en esos días una resolución que  anuló, en lo esencial, las nuevas políticas pretendidas por la Secretaría de Energía. Lo relevante de la resolución fue que la Segunda Sala le dijo al ejecutivo que una reforma energética no se consigue emitiendo acuerdos o reformas de ley  sino cambiando la Constitución.

El Plan de Tatiana, plausible en teoría, adoleció de metas objetivamente medibles y cuantificables, y nada se habló del origen y monto total de los recursos para financiar tan ambicioso programa, salvo los $1,500 millones de crédito a la palabra. Se confirma el viejo ‘dictum’: El camino hacia el infierno  está empedrado de buenas intenciones”.

P.D. “Nuestra relación con Estados Unidos ha sido un largo caminar entre equívocos y espejismos”. Octavio Paz.

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