21 de septiembre de 2022

La feria:Quimera

LA FERIA

 

Sr. López

 

Como sabe usted, en la mitología griega, Quimera fue hija de Tifón y Achina (que era una víbora… ‘che Tifón, en qué andaba); la nena Quimera salió parte león, cabra y serpiente… ¡ah! y respiraba fuego; linda la chiquilla. Los griegos, que no fumaban hierbita vaciladora -no se había inventado, nunca hubo Cártel del Egeo ni Familia del Peloponeso y no los asolaban los Omega-, algo se han de haber metido para andar imaginando cosas así… aunque tal vez no y es muestra de su antigua sabiduría, simbolizar con esas raras criaturas la compleja naturaleza de los notables, porque no me va usted a negar que algunos de nuestros políticos son mezcla de león (feroces para el dinero), cabra (del sexo masculino), y serpiente (rastreros y venenosos; con las excepciones, bla, bla, bla). Con el uso, ahora quimera es lo que se imagina como posible o verdadero, no siéndolo y también tiene otra acepción: pendencia, riña o contienda.

Es increíble que tengamos la idea de que México es pacífico. Sin contar el alzamiento de varias tribus contra los aztecas, que llamamos ‘conquista’, en nuestra risueña patria hemos tenido más de 40 guerras.

Nos hemos agarrado no solo con el tío Sam y los franceses, y entre nosotros no nada más en la Guerra de Reforma, la Revolución y la Guerra de los Cristeros, sino muchas veces más:

Contra las tribus del Norte: de 1821 a 1848 la Guerra Comanche, 27 años de combates; la Guerra Apache de 1821 a 1915, casi un siglo de matazón; la Guerra del Yaqui de 1821 a 1929 -el abuelo de este menda, don Armando, participó en estas dos últimas, así de joven es nuestro país-; y otras. Ahí le avisa al Presidente, ya ve que le gusta pedir disculpas.

Siguió la guerra de los que querían tirar al emperador de chocolate (Agustín de Iturbide), y los que lo apoyaban; y las guerras libradas en estados que se quisieron independizar: Baja California, Jalisco, Sonora, Puebla, Oaxaca, Querétaro, Yucatán, el Soconusco en Chiapas; sin dejar de mencionar la independencia de Tabasco, que pidió y obtuvo apoyo de Texas, o sea, de los yanquis. Todos estos movimientos separatistas, hacen parecer como milagro que seamos el país que somos: ¡cuántos quisieron desmembrarlo!

Luego las dos guerras de Independencia de Texas. La Guerra de Castas (otra vez en Yucatán, mayas contra blancos). La Guerra de los Religioneros de 1873 a 1876 (no, no los Cristeros, los Religioneros, que eran protestantes patrocinados por nuestro gobierno para cambiarle la religión a la raza; asunto que liquidó Porfirio Díaz firmando un acuerdo con la jerarquía católica y dejando en paz a la gente).

Súmele las dos guerras contra Guatemala, chiquitas, pero guerras, la de 1842 a 1882 y la de 1958-1959, ambas por nuestra renegrida intención de pasarnos de listos con por dónde quedaba la frontera (no estamos libres de pecado, no se crea). Y aunque de mentiritas, también participamos en la Segunda Guerra Mundial (hasta pena da decirlo).

El punto es que México ha estado mucho tiempo en guerra… y si le cuadra, sume la guerra contra el narcotráfico, si no, no. Nada más recuerde que de 2006 a la fecha andamos arriba de 350 mil muertos, póngale como quiera, pero si no es guerra se parece.

Ahora está bajo el reflector lo de la Guardia Nacional. Acomoda recordar que eso nació en México cuando la invasión yanqui -1846 a 1848-, que nos costó más de medio territorio, pues ante la inutilidad del ejército formal del gobierno, la gente organizó ‘guardias’ y ‘batallones’ y les dieron mucha lata los de EU; de esas ‘guardias’ nació el ejército republicano al que pertenecieron personajes del calibre de Jesús González Ortega, Ignacio Zaragoza y Porfirio Díaz, que le sacaron canas verdes a los franceses. Luego, en la Constitución de 1857, se incorporó el concepto de Guardia Nacional, dependiente del mando directo del Presidente de la república.

Al término de la Revolución Mexicana (que fue una guerra civil, una carnicería infame), el gobierno federal ya se había aprendido la lección y creó la Guardia Nacional como un segundo ejército (para poder meter en cintura a los generales con malos pensamientos). Luego se abandonó la figura y se creó el Estado Mayor Presidencial, un reducido cuerpo militar de élite, con la crema y nata de las fuerzas armadas, dedicado a cuidar al Presidente de la república, con antecedentes desde el siglo XIX, pero como lo conocimos, lo organizó el presidente Ávila Camacho, el 12 de enero de 1942. Precisamente el Cuerpo de Guardias Presidenciales, el Batallón de Infantería de Marina de Guardias Presidenciales y el Grupo Aéreo de Transportes Presidenciales, formaban parte del Estado Mayor Presidencial para asegurar la persona del Ejecutivo y así, la tranquilidad social y política de la nación. No eran un cuerpo de criados.

Luego llegó el actual Presidente y desapareció el Estado Mayor Presidencial olvidando o ignorando que aparte de garantizar su seguridad personal, de su familia y de las instalaciones presidenciales, realizaba actividades de inteligencia y contrainteligencia. Sin darse cuenta, el Presidente quedó en manos del ejército y sin información oportuna de inteligencia; gobierna con los ojos vendados, según le late en cada momento, en cada mañanera.

Encima, como este Presidente nunca se preparó para gobernar, considera que las instituciones civiles que integran el Poder Ejecutivo federal, son “un elefante reumático y mañoso”, sin entender que se gobierna con las leyes (sin puntadas ni caprichos), y delegando funciones (sin andar de metiche en cosas que ni entiende). Y ante el pasmo furioso que le causó no poder mangonear al gobierno, descubrió que los militares obedecen al instante, sin parar mientes… ¡felicidad!, y a ellos encargó todo lo que le importa. Pero los militares, ¡todavía más felices!

No se espante, no nos está militarizando a México, al menos todavía, pero sí nos entregará en 2024 un país en cuya administración pública, las fuerzas armadas tendrán mucho poder, mucho poder ilegal. Este gobierno es una peligrosa quimera.

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