4 de febrero de 2023

La Feria: Ni Caso

Sr. López


Ya adulto este menda se atrevió a preguntar a la tía Beatriz cómo era posible que ella y sus cinco hijos hubieran aguantado al tío Óscar, su marido, que en vida fue la personificación del “Manual del mal marido”; entre otros adornos: mandón, grosero, necio, arbitrario, malmodiento, autoritario y déspota. La tía, sonrió negando con la cabeza: -¡Ay, hijito!, pues nomás no le hacíamos caso -tan fácil.

Perdone usted por la farragosa explicación que sigue, pero es necesaria a la luz de las tinieblas en que se encuentran algunos de nuestros conciudadanos tenochcas:

El Plan B del Presidente consiste en el intento de modificar la legislación electoral del país sin recurrir a reformas constitucionales para las que no tiene los votos necesarios en las cámaras de Diputados y Senadores.

Las reformas a la Constitución requieren del voto de dos terceras partes (mayoría calificada), de los legisladores presentes de ambas cámaras federales, más la aprobación de la mayoría de los congresos estatales (17 estados del total de 32).

En cambio, las modificaciones a leyes reglamentarias federales sin tocar la Constitución, solo necesitan mayoría simple, la mitad más uno de los legisladores presentes de ambas cámaras.

Con excepción de las facultades exclusivas de cada Cámara, todas las modificaciones a leyes reglamentarias, deben ser aprobadas en ambas cámaras; es el caso de la modificación a las leyes electorales.

Una vez aprobada una reforma o modificación a alguna ley por ambas cámaras, se envía el decreto al Poder Ejecutivo (al Presidente), para que lo promulgue en el Diario Oficial de la Federación; si el Presidente no está de acuerdo con el decreto, no lo promulga y en un plazo máximo de diez días, lo devuelve con sus observaciones (se le llama coloquialmente “veto presidencial”). Pero para aprobar la reformulación presidencial, es obligatorio el voto de dos terceras partes de los legisladores de ambas cámaras (y si sigue de terco, el Poder Legislativo lo publica y punto).

El truco del Presidente es que tal vez pueda repetir la maroma que hizo con la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, cuya reforma constitucional no fue aprobada pero con su mayoría simple sí consiguió modificaciones a la Ley, contraviniendo la Constitución, a sabiendas de que el asunto terminaría en la Suprema Corte para durante el tiempo que dure el litigio aplicar su Ley aunque viola la Constitución.

Nada más que ahora no le va a salir la jugada: no tiene el voto “leal” de la Cámara de Senadores (y tal vez ni en la de diputados), y por lo mismo su Plan B puede quedar en agua de borrajas.

Gracias al golpeteo presidencial contra Ricardo Monreal, líder de Morena en el Senado y presidente de la Junta de Coordinación Política, 39 senadores y 53 diputados de Morena se han puesto de su lado (firmando y publicando una carta en su apoyo), para no verse en ese espejo: es suicida dejar que a Monreal lo destroce el Presidente mediante los ataques de la agradabilísima y honestísima Layda Sansores, Gobernadora de Campeche, en sus Martes del Jaguar (sin obedecer la prohibición que le ha hecho el Poder Judicial, que para eso tiene el apoyo del Presidente).

Como sea, haga sus cuentas: Morena en el Senado tiene 60 curules, sin los que apoyan a Monreal se queda con 21; y en la Cámara de Diputados tiene 202 legisladores, menos lo que firmaron respaldando a Monreal, son 149. Morena sin Monreal y compañeros anda en riesgo de perder su mayoría en el Congreso.

Tome usted en cuenta que en la Cámara de Diputados -del total de 500-, el bloque morenista (Morena + Verde + PT), tiene 276 integrantes y los opositores (PAN, PRI, PRD Y MC), 224. Y en la de Senadores -del total de 127, porque hay una vacante-, Morena & Asociados juntan 75 curules y los opositores 52 (contando a los independientes).

Y aquí es donde se pone buena la cosa, porque el Plan B del Presidente ya lo leyeron el Verde y el PT y se dieron cuenta que si lo aprueban no solo pierden dinero de prerrogativas y curules sino que arriesgan su existencia como partidos (y ¡eso sí que no!).

En resumidas cuentas, si el Presidente sigue de terco (¡oh, sí!, es posible, créalo), puede llevarse la sorpresa de lograr transformar a Morena en partido minoritario. En la Cámara de Diputados la oposición más el Verde y el PT, tendrían 298 votos (del total de 500), más los morenistas-monrealistas que se les añadan; y en la de Senadores, mantendrían 59 curules frente a 68 opositores (ya sin contar a Monreal en las filas de Morena y aparte, sume los senadores de Morena que voten con él).

Por eso no es sorpresa que ayer Morena haya diferido para la próxima semana la votación sobre la reforma constitucional, abandonando el plan original de hacerlo el día de ayer para acto seguido, presentar su iniciativa de cambios a las leyes electorales. Hay quienes suponen que lo hicieron para así tener unos días más para presionar (extorsionar, chantajear, amenazar, comprar), a legisladores de oposición… y no, lo hicieron para no perder los votos de su propio partido y sus partiditos rémora. En política es más temido el ridículo que el cáncer.

En este asunto, el Presidente está más desorientado que nuestro padre Adán en el Día de la Madre (frase del inmenso Enrique Pinti, ahí búsquelo en San Google). Su natural instinto político-electoral se ha nublado por las consecuencias en el ego que provoca el inmenso poder presidencial, en quienes carecen de perfil de estadistas, más los delirantes efectos de la densa nube de incienso en que lo mantienen sus adoradores, unos -no muchos- porque lo ven como Redentor de México, otros, los más, por interés, porque buena raja están sacando de su cercanía con él, para no mencionar a los que lo apoyan por convenir así a sus estados, ni modo.

Calculó mal esto de la reforma a las leyes electorales que implica un suicidio político para los partiditos que engrosan sus filas en el Congreso… y los necesita. Y nada lo molesta más que la idea de que simplemente lo toleren ya sin hacerle ni caso.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.