20 de mayo de 2024

La Feria: A votar

Sr. López

Como bien sabe usted, este menda tuvo dos primos muy diferentes. Pepe, el impresentable, gandalla ‘summa cum laude’, mentiroso, tramposo y jugador de póker de apuesta en mesas de tahúres (desde los 12 de edad), inteligentísimo, terror de maridos y patronas (se entiende); y el otro, Danielito, un flan, bueno, educado, correcto, honesto a carta cabal y tontísimo. En la familia preferían a Pepe porque Danielito en su candidez, metía patas que deshacían matrimonios.

Por supuesto en cosas del gobierno, lo menos que se espera de quienes se dedican a tan delicada tarea, es que no sean estúpidos. Toda persona es capaz de hacer estupideces, no solo los que son idiotas, en la acepción común al uso, aunque idiota originalmente es palabra inventada por los griegos (idiṓtēs), para referirse a quienes se mantenían ajenos a los asuntos de la política; sí, en la Grecia Antigua, se esperaba que todos los ciudadanos se informaran y participaran en las cosas del gobierno, esto es: se esperaba que no fueran idiotas, como llamaban a aquellos que no se involucraban en los asuntos de la vida pública, por ignorantes o por no cumplir con sus deberes ciudadanos, por eso, por idiotas.

Bueno.Los estúpidos y la estupidez son asunto del que se han ocupado personas muy destacadas de la crema de la intelectualidad. Sin enredarnos en los autores clásicos, mencionemos por ejemplo, a Faustino Perisauli, quien por ahí de 1485, escribió su famoso ‘De triumpho stultitiae’, título que no necesita traducción aunque valga advertir que estulticia es necedad, tontería, estupidez.

Otro es el afamado Erasmo de Rotterdam, quien en 1509, escribió su conocidísima ‘Stultitiae Laus’, mal traducido como ‘Elogio de la locura’, aunque bien clarito él escribió Estulticia, que ya quedamos, es sinónimo de estupidez (don Erasmo le puso también otro título ‘Moriae Encomium’, que viene a ser lo mismo, ‘Encomio de la estupidez’, que ‘moriae’ viene del griego ‘moria’, necedad, estupidez, como es bien sabido).

Tampoco entremos en vericuetos filosóficos sobre la estupidez; le propongo ir a lo práctico, esperando que esto no sea una estupidez de su texto servidor, que ya quedamos, nadie está exento de cometer estupideces.

Tomemos como buena la cita de Napoleón, que en ningún lado está documentada, al que atribuyen haber dicho que “la estupidez en política no es una desventaja”, porque conecta bien con amplios sectores de ignorantes, esos que poco reflexionan, lo que facilita atraerlos y conseguir su apoyo.

También dicen (y también debe ser inventado), que Napoleón agregaba “pero cuando se gobierna es otra cosa”, claro, porque una estupidez de un gobernante tiene el agravante de que es mucho más difícil de arreglar que una metida de pata, que, si no es estúpido, la corregirá al comprender las explicaciones de los que le digan que cometió una estupidez; mientras que el estúpido ni entiende ni corrige, porque suele creerse siempre acertado, dueño de la verdad. Usted debe conocer alguno.

Tal vez.Sobra ejemplos de las tragedias que han causado algunos políticos muy renombrados, con sus decisiones estúpidas, como Mao Tse Tung en China, cuando como parte de su maravilloso plan el Gran Salto Adelante, declaró la guerra a los gorriones porque se comían las cosechas y ordenó su exterminio bajo el lema “el hombre debe derrotar a la naturaleza”; y entre 1958 y 1962, casi acabaron con los gorriones pero los gorriones comían más insectos que grano y el resultado fue que los insectos arrasaron con las cosechas y hubo una hambruna terrible por la que murieron entre 43 y 46 millones de chinos (dicen exfuncionarios del Partido Comunista Chino, como un tal Chen Yizi). Y don Mao nunca corrigió, solo dijo una palabra, “olvídenlos”, y se abandonó la idea. Estúpido.Hay muchos más ejemplos de la estupidez de los gobernantes, el Tratado de Versalles que incubó la Segunda Guerra Mundial; la guerra del Vietnam; la guerra contra el terrorismo (pudiendo solo corretear a Osama Bin Laden y Al Qaeda); la prohibición del alcohol y ogaño de las drogas.

Y más, ahí que quede.En la actualidad no estamos libres de estúpidos, estúpidos con poder. Para no plagiar, le advierto que los párrafos que siguen toman ideas de un muy buen artículo de Antonio Fernández Vicente, del 31 de julio del 2020, publicado por la BBC News.Dice don Antonio que la estupidez es peor que la maldad.

Ha de ser. Y explica que hay estupidez por estrechez mental, que es cuando el estúpido solo toma en cuenta su punto de vista, su propia opinión, le digan lo que le digan: no oye, siempre tiene otra información que no presenta.

Menciona nuestro autor que también hay estupidez por egoísmo intelectual, del artículo copio para usted: “El estúpido padece egoísmo intelectual. El estúpido es tosco y aun así fanfarrón. Niega la complejidad y difunde su simplicidad de forma dogmática.

Opina sobre todo como si estuviese en posesión de la verdad absoluta. Es un ciego que se cree clarividente”.

Don Antonio escribió eso en 2020… a lo mejor echando puyas.Muchas cosas interesantes más dice don Antonio.

Por ejemplo que el estúpido suele estar enamorado de sí mismo pero que brotando del “yo” exacerbado su estupidez (narcisismo en una de sus presentaciones), es al mismo tiempo muy contagiosa.Sí, nos consta, la estupidez es infecciosa, peor que el Covid 19, y fomenta la aparición de grupos de estúpidos, alimentados por los grandes ideales confusos del líder estúpido, concretados en frases cortas, simplistas, repetidas sin seso; y caracterizan al guía estúpido y sus grupos estúpidos, la intolerancia, la negativa al diálogo, el rechazo a los matices, todo es blanco o negro, con ellos o contra ellos.

Agrega don Antonio que la estupidez del líder, “se expande mediante consignas engreídas y sin fundamento, coreadas en un clamor colectivo esperpéntico”.

Lo único que blinda de los líderes estúpidos a la sociedad, es la democracia real en la que la sociedad corrige en cada votación sus propias estupideces. Bueno, pues a votar.

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