3 de octubre de 2022

En cabeza ajena : La Feria

Sr. López

En todas las familias hay de todo y en la de este su menda aparte de un alto promedio de virtuosas güilas del lado paterno (las de Jalisco, que ya casadas se portaban serias, así que se queda lo de “virtuosas güilas”), hubo alguna monja (que no se bañaba… una tortura saludarla nomás), hartos tíos rancheros (decentes y trabajadores), un pianista de cantina (beodo muy simpático), varios ingenieros (unos con título y los demás, no), nubes de abogados (con y sin estudios, unos decentes y otros ricos), militares a puños (del lado materno), siete curas (dos sin hijos), un tío abuelo “especial” (soltero toda su vida y con “huéspedes” varones, algunos por una noche)… y un afamado líder sindical, ni modo.
Falleció ése y dejó organizado su funeral como mitin: hubo un tumulto (pagado) frente a la casa de su ya viuda; adentro, fotógrafos, la familia, muchos amigos y un Notario que junto al ataúd abierto, dio lectura a su testamento. Su legado fue: a sus hijos, sus memorias dictadas por él a su secretario (les creció la nariz a los dos), y los tomos encuadernados en piel que contenían décadas de recortes de prensa en que se le enaltecía (boletines pagados), sin ninguna primera plana pues siempre se referían a él como líder charro, ladrón, engañador de masas, populista, mañoso y desalmado defraudador. A su esposa dejó todos sus bienes materiales: su casa (con dos hipotecas), las cuentas bancarias (vacías unas, embargadas otras), varias fincas (en litigio), un edificio de departamentos (vecindad de rentas congeladas), su “reconocimiento” a su abnegación (tenían 27 años de separados aunque viviendo bajo el mismo techo), y su “eterno amor” (afuera aguardaban media docena de queridas y una señora que sí lloraba con desconsuelo y resultó ser la dueña de una casa “non sancta”, de la que fue cliente distinguido). Todo lo mucho que esperaban dejara se lo parrandeó en vida y como los presentes fueron por interés, ya decepcionados, hubo hasta mentadas de madre en voz alta. Al entierro solo fue el personal de la funeraria. Penoso.
Tal vez vino este lejano recuerdo a la memoria de su texto servidor, leyendo que el funeral de Luis Echeverría Álvarez estuvo francamente muy desangelado. Nadie o casi nadie, fue a velarlo y lo llevaron a incinerar los empleados de la funeraria.
Sabida es la mala fama en que don Echeverría estuvo en fermentación de 1976, año en que entregó la presidencia, al 2022, en que entregó su alma al Creador (aunque unas malas lenguas insisten en que se va a quedar eternamente en el limbo porque Dios no lo acepta en el Cielo y el diablo mandó atrancar la puerta de sus dominios, los reapretadísimos infiernos, en los que parece ser está reservado el derecho de admisión, no se sabía). Su biografía podrá llevar de subtítulo: La sangre pesa más que todo.
No pretende el del teclado hacer el panegírico de este expresidente que le tocó padecer ya en pleno uso de facultades mentales, pero por si usted no lo vivió, nomás le digo: fue una pesadilla, no tanto por la intensidad de sus metidas de pata (más bien escasas a pesar de la campaña nacional de ‘pentonto’ que se le quiso hacer: era muy brillante, no hay que ser díscolos), sino por su pretensión de ser prócer nacional, líder del tercer Mundo y esperanza de los desposeídos.
Pero tampoco es cosa de tapar el Sol con un dedo. Este tipo Echeverría (escrito con el mayor desdén que usted conciba), hizo algunas cosas que ya nadie parece recordar, pero que existen y han sido benéficas.
Para abrir boca, antes de cumplir un mes en La Silla, fundó el 29 de diciembre de 1970, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. (Conacyt), con la “misión de impulsar y fortalecer el desarrollo científico y la modernización tecnológica de México, mediante la formación de recursos humanos de alto nivel, la promoción y el sostenimiento de proyectos específicos de investigación y la difusión de la información científica y tecnológica”. Y el Conacyt ha cumplido aunque ahora esté bajo asedio del gobierno federal.
El 21 de abril de 1972, fundó el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda (Infonavit) que ¡por fin! cumplió con el derecho a la vivienda de los trabajadores que manda la Constitución promulgada en 1917.
Fundó el 1 de enero de 1974 la ya muy prestigiada Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), que hoy con más de 50 mil alumnos en cinco ‘campus’, ofrece estudios en 80 carreras y 108 post grados, y está clasificada entre las 100 universidades del mundo con mayor impacto social aparte de ser una de las cuatro de México con el mayor número de patentes otorgadas en el país. No es poca cosa.
El 2 de mayo de 1974 creó el fideicomiso Fondo de Fomento y Garantía para el Consumo de los Trabajadores, Fonacot y la Procuraduría Federal del Consumidor, Profeco en su último año, 1976, lo que hizo de México, el primer país de América Latina en contar con una procuraduría con esa misión y el segundo con una ley que defiende los derechos de los consumidores, previene abusos y garantiza relaciones de consumo justas.
Y asómbrese, el 30 de diciembre de 1974, sustituyó la Ley Orgánica del Ministerio Público Federal y creó la Procuraduría General de la República, hoy Fiscalía.
Son logros ni duda cabe, pero Echeverría, empantanado en su verborrea y soberbia, se forjó fama de autoritario y no pudo salir nunca del fangal de sangre que manchó su vida: la matanza del 68 (haya o no sido culpable), la otra, la del Jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971 (de la que sin duda fue responsable), y la guerra sucia que emprendió contra las guerrillas de entonces, con muchos desaparecidos. ¡Ah! y endeudó al país y descompuso la economía nacional.
Echeverría es sin ninguna duda uno de los expresidentes de nuestro país más odiados y a la vista de las instituciones que formó y han beneficiado realmente a miles, cientos de miles de ciudadanos, tal vez mereciera un juicio más equilibrado… pero la sangre no se perdona, la sangre mancha para siempre.
¡Ah! ojalá se aprendiera en cabeza ajena.

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