20 de septiembre de 2022

Cubierto de gloria : La Feria

Sr. López

Tío Alfredo era coronel, ingeniero civil y doctor en matemáticas. Imagínese lo tolerante y flexible que era; en su casa se marchaba a paso corto. El tío, fuera de sus siete hijos e hijas, detestaba a todos los menores de edad sin excepción, y a los niños nos advertían cuando iba a llegar a alguna reunión: -Ni se le acerquen –y ni cerca. Pero tuvo 17 nietos y hay fotos de él haciendo caballito a cuatro patas con dos nenes en sus lomos, jugando a la comidita con una de sus nietas y disfrazado de Capulina en el cumpleaños de otro. ¡Ah!, la ginecología vence al acero.

Nuestro gobierno se apresta a lidiar con valor su pleito contra los EU, por la charamusca que ha hecho con el T-MEC. La secretaria de Economía y don Seade, preparan la defensa; el Presidente está seguro de ganar por lo mucho que necesitan en EU lo que México le maquila a sus empresas y ya avisó que soltará una arenga-discurso sobre esto el día de la Independencia, confiado en que el cielo un moreno en cada hijo le dio.

Se están equivocando. No es por ahí. Que dejen en paz los tratados y las bravatas. Tenemos el pleito ganado.

Primero, aceptemos la verdad: el tío Sam NO nos quiere, nos tolera porque le es ineludible tratar con sus vecinos (antes prefería invadirnos pero eso ya está mal visto).

Como sea, los EU se suponen vencedores designados en todos los asuntos con México, sin darse cuenta que los hemos invadido, los estamos invadiendo y como no sabe historia, ignora que no hay defensa para una invasión por vía ginecológica. Ya se puede ir guardando donde no le dé el aire, su armamento nuclear y su alta tecnología de vigilancia fronteriza. Sí.

La Current Population Survey de los EU, informó en 2018 que 38.5 millones habitantes allá, son de origen mexicano: inmigrantes fresquecitos, 12.3 millones y 26.2 millones de mexicanos nacidos en territorio yanqui; todos guadalupanos certificados, celebrantes del 5 de mayo y muy orgullosos de sus sombrerotes de ¡Viva México cab…!

Por su lado, la Oficina del Censo (OC) estimó ese año 2018, que la población total de EU, era de 327 millones. O sea, casi el 12% de su población es mexicana. Ya ganamos el pleito. No dude, la misma OC y el Migration Policy Institute, señalan que la principal minoría en los EU, mayor que los negros, son los mexicanos. Ya ganamos el pleito. En serio. Está científicamente probado que el nacional mexicano se reproduce sin ningún tipo de consideración por color, raza, tamaño, estrato social o malas caras que le hagan. Cuando toca, toca.

El tenochca promedio, allá, aparte de la prole con su legítima consorte, emplea ratos libres y días de asueto, en la patriótica y esforzada labor de continuar la invasión mexicana a los EU por vía obstétrica, para la que no hay defensa porque no hay patrulla fronteriza que valga, ni se pueden exigir documentos a berreante y robusto bebé recién alumbrado. Llegó y llegó nacional de EU con todos los derechos.

Para mala suerte de los yanquis blancos, sus genes de güeros deslavados son “recesivos”, débiles, y cuando se mezcla gringa con tenochca, nace tenochca, aunque la dama sea descendiente de suecos, polacos, irlandeses o británicos, lo que nace tiene pelo negro, necio y después de decir “papá”, grita “¡viva México, cab…!”

Les guste o no, no se van poniendo rubios los nuestros sino prietos los de ellos, que es más sano, combina mejor con la decoración minimalista y la retro también; por algo nadie prefiere un gato albino a una pantera morena, sedosa y sinuosa.

Las estadísticas de la Oficina del Censo gringa, señalan que los nuestros son los más fregados de EU, pero la mitad tienen casa propia, el 70% hablan español en sus casas, celebran el 5 de mayo, el 12 de diciembre y después de añales en esas tierras, no pierden su identidad. ¡Ajúa!

Podemos considerar sin echar a volar la imaginación que el destino manifiesto de los gringos, en menos de un siglo, ya no será “América para los americanos”, sino “América para los mexicanos”… lero, lero, eso se sacan por ventajosos. Y que se enojen con sus mujeres. Se repite: ¡ajúa!

Por más que se esfuercen los ultraderechistas sureños republicanos, no es posible deportar a los tenochcas de allá, porque además, si se pudiera, podrían sacar nada más a 12.3 millones quedándose con los otros 26.2 millones que tienen su nacionalidad con todas las de la ley, sin haber pisado el desierto de Arizona, sin pollero: con ginecólogo. Se insiste: ya perdieron el pleito.

Es cosa de hacer una cuenta muy sencilla para entender bien lo irreversible del destino de los yanquis. Si cada mexicano que anda por allá se propone patrióticamente fecundar a tres US citizens al año, antes de un siglo -puede que en una generación-, el español será la lengua oficial en todo su amplio territorio y habrá puestos de lámina blanca dedicados a la venta de carnitas, tacos al pastor, nana, cuero y buche, en la avenida Pensilvania, en plena fachada de la Casa Blanca.

Y nada de andar queriendo recuperar la mitad del territorio que nos birlaron, para nada, porque lo mejor de todo es que la soberbia sajona no les permitirá dejarnos el mando del país: ¡a todo dar! Que ellos nos lo administren, que ellos se preocupen de mantener el circo andando y que los nuestros planten la bandera tricolor en lechos amistosos y con eso tenemos bastante.

Si los yanquis leyeran un poco se habrían enterado que por eso cayó el Imperio Romano de Occidente: los bárbaros se hicieron más que los ciudadanos romanos.

Si de verdad quiere pasar a la historia Andrés Manuel López Obrador, que se olvide de su plan de tregua mundial de cinco años, que no se preocupe por China ni Rusia, que se olvide de Assange, que se pliegue en lo del T-MEC y de montar a quien diga su dedito en la presidencia, que deje en paz a Calderón (y a Peña Nieto, no hay que ser gachos); basta que dé comienzo desde México para los mexicanos en EU, de un Programa de Reproducción Intensivo (PRI) y podrá pregonar como moderno Zaragoza: ¡las armas nacionales se han cubierto de gloria!

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