23 de septiembre de 2022

Aunque le duela : La Feria

Sr. López

Marcelino se llamaba el maestro de tercero de Primaria de este menda; buen maestro, estupenda persona, jamás alzó la voz para tener la atención de todo el salón, bastaba su sosegada presencia. Chorreaba bondad, nos trataba con cariño y cuando estallaba la carcajada general por alguna pregunta que reflejaba el alto vacío del cerebro de algún compañero, siempre nos decía lo mismo: -No saber no es vergüenza y el que pregunta aprende –pasaditas seis décadas no se olvidan sus palabras.
Tal vez por eso a su texto servidor le cayeron en la punta del hígado las burlas, la chunga que se desató en las redes, por la cándida confesión del pasado martes, de nuestro Presidente, quien dijo: “No sé llenar un cheque ni manejar una tarjeta de crédito”.
Esos impíos burlones parece que hubieran nacido sabiendo todo. Que lo carguen en su conciencia, de veras, “hay gente pa’tó” (como decía el gitano).
A ver, señor Presidente, si usted a sus 68 años de edad, jamás ha girado un cheque, se comprende que no sepa hacerlo. Si le interesa aprender, no se apure, no es difícil:
Mire: los cheques vienen en talonarios impresos por el banco en el que tenga su dinero (ya sabemos, usted no tiene dinero ni le interesa, es solo para explicarle); cada cheque tiene rayitas en las que el librador (el que hace el cheque, en este ejemplo, usted), escribe lo que dice junto a cada renglón (las rayitas), con letra clara (con bolígrafo de tinta negra -pluma atómica-, no es obligatorio legalmente pero no alegue, compre una Bic -no saben fallar- y ya).
La rayita de hasta arriba dice “fecha”, ahí se anota la del día en que emite (hace), el cheque, por ejemplo ‘Marzo 3 de 2022” (es ejemplo, no vaya a poner en todos sus cheques la fecha de hoy); luego va otro renglón que dice algo parecido a “Páguese a la orden de” (a veces nomás dice “Páguese a”, es lo mismo), ahí se pone el nombre del que va a cobrar el cheque, persona o empresa, quien sea.
Viene lo más delicado: el renglón que dice “La cantidad de”; ahí, del lado derecho, arribita, viene un signo de pesos ($) y una rayita, AHÍ VA LA CANTIDAD CON NÚMEROS; luego, abajito hay un renglón largo (el más largo de todos, para que se oriente), en el que va otra vez la cantidad (la misma) ESCRITA CON LETRAS (no, no es difícil, al principio le ayudará ir diciendo en voz baja la cantidad y anotando lo que dice); si es una cantidad con cero centavos, se anota 00/100; si lleva centavos, se anotan con números y otra vez el palito con las dos bolitas (si lleva 10 centavos, se anota 10/100, ¿entendió? Nota importante: ponga los centavos después de la cantidad en pesos), y por costumbre se anotan al final las letras m y n, pero juntas y con un punto entre ellas (m.n), significa moneda nacional, no es requisito pero se ve mejor.
La raya de hasta abajo dice “Firma”, ahí pone su firma de usted (el garabatito que puso en su credencial del INE), sin escribir su nombre… ¡oh, qué!, confíe, qué se gana uno engañándolo.
Del lado izquierdo del cheque hay unas perforaciones chiquitas, para ayudarle a separarlo de la chequera al entregarlo; se dobla (por donde están los agujeritos) y con un tirón suave pero continuo, se separa el cheque (no falla). Si se fija, del lado izquierdo de la chequera queda un talonario, ahí debe anotar la cantidad por la que libró (hizo), cada cheque, para saber cuánto le queda (sí, eso es “saldo”); tampoco es difícil, con su calculadora reste la cantidad del cheque de lo que tenía (lo anota si no, no sirve de nada hacer la resta, sí, con la misma Bic).
Para no hacer el papelazo de que lo vean pensar viendo el cheque, haga varios en su casa, a solas, practique, la práctica hace al maestro. Por último: nunca, nunca, haga un cheque a lápiz.
Lo de las tarjetas de crédito tampoco es difícil. La tarjeta de crédito es el rectangulito de plástico con esquinas redondeadas que le dieron en el banco. Para usarla, lo primero es comprar o consumir algo.
Una vez elegido lo que se va a adquirir (comprar), o se desea consumir (comer algo o echarse un refresco en el Oxxo… es ejemplo, ya sabemos, usted no va al Oxxo), para no pasar penas, se pregunta primero si aceptan tarjeta (sus 200 pesos no alcanzan para casi nada, no se confíe), si le dicen que sí dice qué quiere comprar o consumir; luego le dicen cuánto debe. En este punto da inicio el uso de la tarjeta:
Antes que nada, se extrae (saca) la tarjeta de donde la lleve (usualmente la cartera, pero puede llevarla en la bolsa de la camisa, en la del pantalón; traerla en la mano no es conveniente); para extraerla se usan habitualmente dos dedos (índice y pulgar, pueden ser otros), y se entrega a quien le va a cobrar; a continuación el dependiente o empleado hace lo que le toca (a usted no le interesa, no se enrede), le entrega el váucher (una tirita de papel en el que aparece la cantidad que le están cobrando) y lo firma, espera su copia y ¡listo! (si usa tarjeta de débito no tiene que firmar el papelito, es más práctico). Por último: las tarjetas de crédito se pagan, no son de cortesía. Cuide su gasto.
No cuesta nada ayudar al ignorante, es mucho mejor que andarse burlando.
Ahora bien, Presidente, si no sabe hacer un cheque ni usar una tarjeta de crédito, intente o no aprender, se le recomienda consultar a su Secretario de Hacienda, a la de Economía, al Gobernador del Banco de México (y en secreto hasta puede verse con Meade, Carstens o Gurría… y si anda desesperado a Salinas de Gortari), para que le expliquen por qué no (NO) debe volver a opinar sobre la economía o las finanzas nacionales. Su libro ‘Hacia una economía moral’ es prueba definitiva de que no tiene la menor idea… y no, la economía no es tan simple como gobernar o sacar petróleo, como algún día dijo. Es mucho más complejo.
Presidente, el daño que ha hecho es grande, pero si le sigue, va a ser una catástrofe. No es vergüenza no saber y ya con menos de la mitad del periodo, es tarde para aprender, sea sensato, sea dócil, no duele y aunque le duela.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

La Feria: Tiempo perdido

Sr. López Parecería que el campo de doma en que amaestraron a este López, fuera un laboratorio encubierto de experimentos sociológicos a fin de comparar