20 de septiembre de 2022

Andrés Fábregas

José Antonio Molina Farro/GMx

Carlos Morales Vázquez, Presidente Municipal de Tuxtla Gutiérrez, entregó la Medalla de Honor al Mérito Ciudadano “Joaquín Miguel Gutiérrez” al Dr. Andrés Fábregas Puig. Un tributo a la inteligencia y la cultura. Es en su administración cuando se estatuye la entrega de este reconocimiento a hombres y mujeres cuyas creaciones artísticas, literarias, culturales y deportivas han contribuido a dignificar la vida de los tuxtlecos.

Es satisfactorio ver a un presidente que ve más allá, que va más allá del ejercicio convencional de la política, pues sus raíces son más profundas. Carlos vive el poder, lo ejerce desde muchas ventanas y con una escala propia de valores.

La claridad y la pureza de su percepción moral lo hacen reconocer, sin mezquindad, a hombres y mujeres de temperamento muy distinto al suyo, pero cuya integridad moral es indiscutible. Cuando llegue lo que tenga que llegar y en un recuento de postrimerías, el ahora presidente sabrá cuánto logró por aquello que luchó con actitud tan apasionada, y advertirá qué tanto perduró; si se cumplieron sus anhelos de gran reformador y en qué se equivocó. Qué acciones específicas lo hicieron trascender.

Cómo impactaron sus políticas en el bienestar de la gente, y también su congruencia con principios y valores. ¿Cedió acaso a las tentaciones de la vanidad? ¿Su ideal moral se sustentó en medios inmorales? Pocos de nosotros tenemos la imaginación, la humildad, y quizá la integridad para ver nuestro desempeño como un todo y reconocer, sin autoengaños, errores y desaciertos. A veces priman el narcisismo y la arrogancia, el superego nietzscheano. ¿Fue acaso un político eficiente y determinado, y a la vez benévolo y humano? ¿Qué lo hizo diferente a sus antecesores? ¿Realizó su sueño de ser el mejor presidente en la historia de Tuxtla Gutiérrez? El juicio inapelable, el que verdaderamente cuenta no será de él, no será de los corifeos y detractores, será el de la historia y de las generaciones presentes y futuras.

Andrés Fábregas. Los numerosos méritos y acciones a favor de su ciudad, de su estado y de las Ciencias Sociales, han sido razón para que Andrés reciba otras tantas distinciones como el Premio Chiapas en la rama de Ciencias, el Reconocimiento al Mérito Académico de la Red Centroamericana de Antropología, la Mención de Honor al Mérito Académico en el 54 Congreso Internacional de Americanistas, Mención de Honor de la Universidad de Viena, ganador del Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, entre muchos más que sería prolijo enumerar; pero también, y no menos importante, por su congruencia y sencillez. Andrés ha sabido sembrar afectos y hoy se baña en las olas de la gratitud. Cosecha con creces el aprecio y el reconocimiento de sus coterráneos.

Hombre de gran bonhomía, el Doctor Fábregas ha sido fundador de instituciones clave para entender el desarrollo cultural, científico y educativo de Chiapas: el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social del Sureste, desde donde impulsó, como pionero, el estudio de temas como la formación histórica de la frontera sur y su evolución, y el cambio religioso en el sureste; la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, que confirió estatura a nuestro querido ICACH, y ha ampliado las opciones de educación superior para las y los jóvenes de nuestro estado y de la región; aportando además, perspectivas formativas y de investigación desde el Centro de Estudios Superiores sobre México y Centroamérica, cuyo Centro de Información y Documentación lleva su nombre. Y la muy importante Universidad Intercultural de Chiapas, de la que fue primer rector y a la que aportó su gran conocimiento antropológico y en otras áreas del saber.

Desde todos esos espacios y otros más que ha creado o impulsado, ha visto a decenas de jóvenes, acaso centenares, completar su formación académica, algunos hasta el doctorado; ha asesorado tesis y fungido como lector sinodal, ha sugerido y apoyado temas de investigación, acompañando proyectos de diversa índole en los temas de su mayor interés: regiones, fronteras, interculturalidad, etnohistoria, antropología política, ecología cultural, pero también en aquellos planteados por sus alumnos formales e informales.

Como Director del Instituto Chiapaneco de Cultura realizó una labor que a varios años de distancia sigue dando frutos por su estímulo inteligente y constante al desarrollo de las artes, al establecimiento de bibliotecas y casas de cultura, incluido el Centro Cultural de Chiapas Jaime Sabines, a cuya edificación contribuyó con el arquitecto Orso Núñez; a las publicaciones, a los festivales, encuentros, mesas redondas, conferencias y otras actividades estatales, nacionales e internacionales, como las que se realizaron con la participación de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Belice.

Su vasta producción bibliográfica y hemerográfica, que acredita el amplio conocimiento que tiene sobre los temas ya enunciados, pero también sobre los Estados de México, Veracruz y Jalisco, o el fútbol como fenómeno antropológico, requeriría mucho tiempo para su mera enunciación, pero entre sus muchos libros y artículos destacan por su tema tuxtleco “Notas sobre las mayordomías zoques en Tuxtla Gutiérrez”; Tuxtla Gutiérrez: historia de un Palacio, historia de una ciudad; Trazos de memoria, Niñez y adolescencia en la Tuxtla Gutiérrez de los años cincuenta; y la traducción de Trajes y tejidos de los indios zoques de Chiapas.

Gran conversador, Andrés ha impartido quizá cientos de charlas en las que su palabra fluida, amena y siempre informada, se acompaña seguido con las expresiones de su matria, de Tuxtla Gutiérrez, por sus recuerdos del pozol, de la marimba, de los personajes, de los edificios y las casas de ésta, su tierra. Ni duda, un merecido y emotivo homenaje a este chiapaneco universal.

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