Chile decidió congelar la candidatura de Santiago para organizar los Juegos Olímpicos de 2036 y concentrará sus recursos institucionales en obtener la sede de los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2030. La determinación fue confirmada por el Comité Olímpico de Chile después de evaluar la coincidencia de ambos procesos y la proximidad del proyecto juvenil.
La capital chilena figura entre las tres finalistas para la cita de 2030 junto con Asunción, Paraguay, y Bangkok, Tailandia. En ese escenario, el organismo deportivo consideró que mantener dos campañas internacionales de gran escala al mismo tiempo podía dividir esfuerzos técnicos, políticos y financieros. La aspiración de recibir unos Juegos Olímpicos de verano no fue cancelada de forma definitiva, pero dejó de ser la prioridad inmediata.
Una candidatura cercana antes del sueño de 2036
El Comité Olímpico explicó que la superposición de calendarios llevó a privilegiar el evento que se encuentra más próximo y cuyo proceso ya colocó a Santiago en la fase final. Organizar los Juegos de la Juventud permitiría, además, acumular experiencia operativa y demostrar capacidad ante el movimiento olímpico antes de retomar una candidatura de mayor tamaño.
La decisión fue comunicada directamente al Comité Olímpico Internacional. De acuerdo con el organismo chileno, las autoridades del COI comprendieron la reflexión planteada semanas atrás. El cambio de ruta no implica renunciar al objetivo de largo plazo: Chile seguirá participando en conversaciones para albergar unos Juegos Olímpicos en el futuro, aunque ya no competirá por la edición de 2036.
El calendario global ayuda a explicar la estrategia. Los próximos Juegos Olímpicos de verano se celebrarán en Los Ángeles en 2028 y Brisbane en 2032. Para 2036 ya expresaron interés Alemania, Hungría, India, Catar, Corea del Sur, Sudáfrica y Turquía. La lista reúne proyectos con respaldo estatal, experiencia en grandes eventos y capacidad para sostener una campaña internacional prolongada.
El precedente de Santiago 2023
La ambición olímpica chilena creció después de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos de Santiago 2023. Aquella organización dejó infraestructura, equipos de trabajo y una percepción favorable sobre la capacidad del país para recibir competencias de múltiples disciplinas. El entonces presidente Gabriel Boric anunció en 2024 que instruiría al Ministerio del Deporte para avanzar, junto con el Comité Olímpico, en una candidatura a los Juegos de 2036.
El planteamiento se apoyaba en la idea de que Chile había alcanzado condiciones de gestión y visibilidad internacional suficientes para buscar la mayor cita deportiva. Sin embargo, el cambio de administración abrió una revisión de prioridades. El gobierno de José Antonio Kast confirmó en marzo de 2026 el respaldo a la postulación de los Juegos Olímpicos de la Juventud, mientras el proyecto de 2036 permaneció sujeto a evaluación.
La agenda del país incluye además los Juegos Mundiales de Olimpiadas Especiales Santiago 2027, para los que se espera la participación de más de 6 mil atletas. Esa sucesión de compromisos reforzó la conveniencia de ordenar etapas: primero ejecutar un evento ya asignado, después competir por la sede juvenil y, con ese aprendizaje, valorar una candidatura olímpica completa.
Una pausa que redefine la política deportiva
Organizar unos Juegos Olímpicos exige acuerdos que trascienden un periodo presidencial. La sede debe garantizar transporte, alojamiento, seguridad, recintos, financiamiento y un plan de uso posterior de la infraestructura. También necesita mantener respaldo público durante varios años. La decisión de Chile evita sostener una carrera simultánea cuando todavía debe asegurar el proyecto de 2030.
El país cuenta con antecedentes relevantes. El Mundial de Futbol de 1962 sigue siendo el acontecimiento deportivo más importante realizado en territorio chileno; la selección anfitriona terminó en tercer lugar. Seis décadas después, los Panamericanos de 2023 actualizaron esa memoria organizativa y colocaron a Santiago nuevamente en el mapa de las grandes competencias.
La prioridad juvenil ofrece una prueba de menor escala, pero no menor importancia institucional. Una victoria frente a Asunción y Bangkok exigiría convertir la candidatura en sedes funcionales, servicios para delegaciones jóvenes y una propuesta de legado. El resultado también condicionará la manera en que Chile reconstruya su argumento para futuros Juegos Olímpicos.
Por ahora, la señal es clara: Santiago no estará en la carrera por 2036. La apuesta se trasladó a un objetivo más cercano, medible y compatible con el calendario nacional. El sueño olímpico permanece, pero su ruta comenzará con la decisión sobre 2030.
Fuentes: El País Chile.












