La soberanía suele invocarse con palabras grandes, pero se sostiene con algo mucho más concreto: la capacidad de verificar. El caso de Ismael “El Mayo” Zambada volvió a recordarlo esta semana, entre la petición de cadena perpetua en Estados Unidos y las preguntas que aún pesan sobre su traslado fuera de México.
El problema de enterarse tarde
Cuando un país conoce detalles de una operación sensible por documentos judiciales, filtraciones o reportajes extranjeros, no solo enfrenta una crisis de comunicación. Enfrenta una duda institucional: ¿quién supo qué, cuándo lo supo y qué hizo con esa información? Esa pregunta vale más que cualquier frase solemne sobre dignidad nacional.
La discusión sobre el vuelo que llevó a Zambada a territorio estadounidense toca fibras delicadas. Si hubo engaño, omisión, cooperación irregular o simple incapacidad de seguimiento, cada escenario exige respuestas distintas. Pero todas tienen un punto común: el Estado mexicano debe poder reconstruir hechos, revisar rutas, pedir datos y explicar a la ciudadanía qué ocurrió sin depender de versiones ajenas.
Verificar es gobernar
La verificación no es un lujo burocrático. Es una forma de poder. Un gobierno que verifica puede negociar mejor, reclamar con precisión y corregir fallas. Un gobierno que no verifica queda atrapado entre indignación pública y respuestas incompletas. En seguridad binacional, esa diferencia pesa mucho.
También importa el tono. Convertir cada duda en afrenta puede encender aplausos momentáneos, pero no necesariamente produce verdad. La firmeza útil es la que reúne evidencia, identifica responsables y fortalece reglas para que una operación parecida no vuelva a quedar en zona gris.
México necesita cooperación con Estados Unidos, pero cooperación no significa opacidad. La lucha contra el crimen organizado exige coordinación, intercambio de inteligencia y procesos judiciales sólidos. Lo que no puede aceptarse es que la necesidad de resultados borre límites legales o deje a las instituciones mexicanas como espectadoras de decisiones tomadas fuera.
El caso Zambada seguirá su ruta en tribunales estadounidenses. La tarea mexicana es otra: cerrar huecos, documentar lo ocurrido y hablar con hechos. En tiempos de ruido, la soberanía no se demuestra gritando más fuerte, sino probando que el país tiene memoria, método y capacidad para defender su propio expediente.
Fuentes: El País y DW.












