19 de julio de 2026

ALGO SOBRE EL SEXO


José Antonio Molina Farro

En la Escuela Nacional de Economía de la UNAM tuvimos un condiscípulo a quien apodamos “erotómano” (síndrome de Cleraumbault). Deliraba. Deseaba enfermizamente y se sentía irremisiblemente deseado. La libido, el impulso vital e instintivo era hábito conductual. Su frase favorita: hay dos motores que mueven el mundo: sexo y plusvalía. En la Edad Media se recordaba a las jovencitas que no debían malvender su joyero al primero que llegara sino sacarle el máximo provecho posible. Es en la Ilustración cuando se eleva el sexo a teoría social. Imposible no mencionar al Marqués de Sade, reputado de libertino, pero de una claridad pasmosa, brutal.


En 1850, en la época victoriana, la sexualidad lleva una doble vida. Mal visto en el exterior, se esconde bajo múltiples formas, pero también en sociedades secretas en los que se dejan caer todos los velos, no sólo las máscaras. En esta época se busca someter a ambos sexos a una educación desexualizadora. Se hizo tan poco caso de Sade, que este muere en el manicomio. Por su parte, Fourier, amante de las flores y admirador de pequeñas lesbianas, descubre el sexo como lubricante económico del capitalismo, su santo y seña es: ‘sex sells’ (el sexo vende).

“¡La avaricia me vicia!”. Para Fourier, quien ataca frontalmente la falsa moral burguesa, el sexo es el instrumento favorito de entrenamiento físico. Hay que ofrecer seductoras jóvenes a los trabajadores varones y los correspondientes muchachos a las trabajadoras. A los hombres se les paga con mujeres, y a las mujeres con hombres. Con esta sexualización de la economía, Sade y Fourier remarcan que el dinero nos vicia.


Cuando hoy hablamos de economía de la atención decimos en realidad que la revolución sexual no ha respetado a la economía. Me detengo en Sade quien fallece tras llevar una vida errante y miserable, por una de sus publicaciones en que aludía a Barras y a Bonaparte, encerrado entre los dementes hasta su muerte. Y lo hago por la jerarquía intelectual de quienes a él se refieren. Para algunos, un típico producto de su época en la que destacaron Cagliostro y Casanova. Sade es ahora sujeto de rehabilitación en lo literario y humano, susceptible de convertirse en exaltación irracional. Veamos.
Aldous Huxley.

“Sus libros contienen más filosofía que pornografía. Son de interés y valor permanente porque contienen una suerte de ‘reductio ad absurdum’ de la teoría revolucionaria. Sade no teme ser revolucionario hasta las últimas consecuencias. Predica la revolución violenta no sólo en el campo de la economía y la política sino también (consecuente con la aterradora consecuencia del maníaco), de las relaciones personales, incluso las más íntimas de todas, las relaciones entre amantes. Sade es el único revolucionario perfectamente coherente y cabal en toda la historia”.


Simone de Beauvoir. “El mérito inmenso de Sade es que reivindica, en contra de las abstracciones y los enajenamientos, que no son otra cosa que huidas, la verdad del hombre. Nadie se ha afiliado más apasionadamente a lo concreto. Nunca se afilió al “se dice”, del cual los espíritus mediocres se nutren perezosamente. Sólo se afilia a las verdades que le son dadas por la evidencia de su experiencia vivida, y por ello superó el sensualismo de su época para transformarlo en una moral de autenticidad. Esto no significa que la solución que propone pueda satisfacernos. Contra la indiferencia prefirió la crueldad. Por eso sin duda encuentra hoy tanto eco, en momentos en que el individuo se sabe menos víctima de la maldad de los hombres que de su conciencia limpia. Lo que constituye el valor supremo de su testimonio es que nos inquieta. Nos obliga a volver a plantearnos el problema esencial, que bajo otras apariencias obsesiona nuestro tiempo: las verdaderas relaciones del hombre con el hombre”.
Enrique L. Revol. “Ocurre que Sade presiente o expone, con variable claridad los principales temas que ocuparán a la ‘intelligentsia’ occidental en los 150 años siguientes. Anuncia a Darwin y su “lucha por la vida”, a Nietzsche y el “superhombre”, a Freud y el “perverso poliformo”, a Dostoyevski con su Stavroguin, al existencialismo y el surrealismo, a Kafka y el universo concentracionario”.
Algunas ideas de Sade, satanizado por unos, glorificado por otros”


“Sociedad criminal. Dentro de una sociedad criminal, es preciso serlo.
“Los otros. No existe comparación entre lo que experimentan los otros y lo que nosotros sentimos; el más espantoso dolor experimentado por los demás no existe para nosotros y el más leve cosquilleo de placer nos conmueve. El prójimo nada significa para mí: no existe la más mínima relación entre él y yo.
“El hombre público. No son las opiniones ni los vicios de los particulares los que perjudican al Estado: son las costumbres del hombre público.


“Conmiseración. Lo único peligroso en este mundo es la conmiseración y la beneficencia; la bondad no ha sido nunca sino una debilidad de la que nos arrepentimos siempre las personas honradas debido a la ingratitud y a la impertinencia de los débiles”.

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