José Antonio Molina Farro
Transcribo, por su elocuencia, Diálogos entre Maquiavelo y César Borgia el Valentino: “En una república el talento resulta siempre sospechoso, y los mejores puestos se dan a aquellos cuya insignificancia y pequeñez no puede representar un peligro para los demás.
¿Sabes cuál es el cáncer de la democracia? Es la envidia y es el miedo, esos que sienten los pequeños burócratas hacia cualquiera de sus iguales, y antes de permitir que alguno de ellos alcance reputación serían capaces de impedir que se tomara una decisión de la cuál dependiera la prosperidad y hasta la salvación del Estado.
Dice el refrán que el perro no come carne de perro. Quien inventó tal dicho no vivía en un régimen democrático”.Indiferencia. No podemos ejercer la crítica con el ademán glacial de los indiferentes.
El pensamiento debe ser fuego que ilumine y cauterice. La eficacia de los ideales radica, más que en su virtud deslumbradora, en su incontrastable poder de renovación, en su fuerza destructora de lo que es inútil, perjudicial o caduco.
La prédica de un razonamiento helado quizá llegue a cautivar, pero es indispensable que un estremecimiento emotivo recorra las duras articulaciones de la lógica.
No estoy a tono con un criticismo absurdamente desapasionado, pero sí pleno de finalidades constructivas. Por desgracia ha venido medrando esa crítica que solo atiende a demoler, guiada por un propósito nihilista.
Dedicarse a la búsqueda morbosa de los errores es tarea llana que a cualquiera es dable realizar, ya que hasta el sol se encuentra salpicado de manchas. Pero esos cazadores de los defectos ajenos perecen a la postre y su labor permanece tan estéril como las mezquindades que las inspiraron.
Realicemos crítica constructiva; aquella que, señalando las máculas, las desviaciones del poder, la deriva autoritaria, la destrucción institucional y ambiental, no apaga su voz ante las seducciones o amenazas.
Hubo reformas en la pasada administración que se hicieron con furor, con la demencia de quien ha sido esclavo de sus fobias y siervo de sus ocurrencias. Veamos hacia adelante y ahoguemos los impulsos negativos que únicamente se encaminan a destruir. Son aquellos que combaten el Todo para instalarse en la Nada.
Sacrifiquemos en el ara de la verdad, no por el afán de censura sino con el anhelo de ir modelando lentamente una existencia mejor.
La complejidad de nuestra existencia, con una modernidad que se esfuma y una posmodernidad que avanza, aumenta en forma inusitada.
Los problemas que hoy vivimos son sumamente intrincados, complejos y difíciles. No es que falten medios para la solución.
Faltan cabezas. Este desequilibrio entre la sutileza complicada de los problemas y de las mentes será cada vez mayor si no se pone el remedio, y constituye la más elemental tragedia de nuestro tiempo.
De ser esto así, sería de imperdonable inercia abandonar los graves, complicados y trascendentales problemas de la gobernación a los impreparados. Si para resolver la dificultad más sencilla se busca a los expertos y nadie piensa en encomendar la conducción de su automóvil a quien no sabe manejar, ni dar a componer un reloj a quien nada sabe de relojería, tratándose de asuntos infinitamente más arduos, delicados y complicados que son los que se presentan a un gobernante o estadista, sería de locos entregarlos a manos inexpertas o de advenedizos.
Aun cuando ellos se encontraran rebosantes de buena voluntad, esta no basta ni es garantía de éxito. Los que gobiernan persiguen muchas veces con innegable sinceridad el bien de los gobernados, con el concurso de hombres y mujeres que pongan vibraciones de entusiasmo ahí donde se ha insinuado la fatiga.Integridad.
La descortesía, la corrupción, la arrogancia del poder, son los principales vicios o defectos de quienes gobiernan. Hay otro que es aún peor: la debilidad de carácter. Quien se doblega ante la adversidad, quien se deja vencer por pequeñas consideraciones, encuentra a cada paso dificultades que lo detienen y lo separan de objetivos esenciales.
El cuerpo político, lo mismo que el cuerpo humano tiene sus charlatanes que se entrometen a curarlo, y hay incautos que caen en el engaño.
Amigos. Hay protegidos muy costosos porque hacen nuestra cola demasiado larga y nuestras alas demasiado cortas. La manera más honrosa y más justa de tener seguidores, es dedicarse a proteger a hombres y mujeres de mérito de cualquier orden y condición que sean.
Esto hace más agradecidas a las personas que recibieron el beneficio y sirve de estímulo a los demás, porque lo que se hace es un favor y no el pago de una cosa que se debía. Al dispensar favores se debe proceder con prudencia, olfato y tacto político.
Ya hubo tiempo suficiente.ERA. Tiene cierta altanería en el alma. La conciencia de su propia dignidad le impide envilecerse; se crece en la adversidad; se respeta a sí mismo; no se degrada por medio de la intriga, porque sabe que ésta solo puede servir a los que carecen de preparación y talento; el brillo y la grandeza no lo deslumbran. Ni se tiene por más de lo que es ni en menos de lo que vale. Aborrece a los serviles, a esos fieros cortesanos que han hecho del servicio público un recinto de rapacidad. Ya se fueron, se están yendo. Finalmente, sustituyamos el individualismo anárquico, que a veces sólo es disfraz de helada egolatría, con un sentimiento de solidaridad, a fin de deleitarnos en la contemplación de maravillosas perspectivas.












